martes, 28 de septiembre de 2021

27 de septiembre - Especial Décima Edición - La Nueva Anormalidad

Y van diez años, que se dice pronto. Todo porque en 1935, el escritor ruso Máximo Gorki propuso que toda persona presente o futura narrase un día de su vida: en concreto el 27 de septiembre. Es "El día que hay que escribir"

Y cuando dan las 00:00, estoy con Hor viendo "El juego del calamar" en el salón del chalet donde nos hemos mudado este verano, en Rivas. Lo del chalet fue una oportunidad que había que coger al vuelo y estaba decidido desde enero. 

Antes de eso, en diciembre, mi amigo Darek me invitó a ir a un tarotista vecino suyo. Fue la primera vez que me leían el tarot y salieron  un montón de cosas, algunas de ellas complicadas y otras sin sentido, que fueron teniendo mucho sentido con  los meses y se han ido cumpliendo poco a poco para mi sorpresa y a veces resignación. 

Nos vamos a dormir a la buhardilla, que es un poco mi territorio en esta casa y que iba a ser también el de Tití. El año pasado, al final en noviembre volví a mi casita después de meses confinada en casa de Hor.  Volví con Tití a mi barrio, al bullicio, al centro, a mi vida. Fueron unos meses bonitos, de nuevo en la madriguera diminuta ella y yo. Ahí pasamos Filomena y lo que no sabía que serían los últimos meses de Tití conmigo. Es lo más jodido de este año y lo más triste desde que escribo El día que hay que escribir: no hay ronroneos de Tití este año. Dejó de comer el 1 de agosto y murió el 7. Esos días tenía que haber estado haciendo maletas para la mudanza pero todo quedó en paréntesis por estar con ella día y noche y no perturbarla. No dejó de ronronear ni de salir a pasear por la corrala hasta el último día, hasta sin fuerzas.

Es complicado que los humanos aprendamos de la brutal dignidad de los gatos para morir, para no apegarse a una vida que dan por terminada. Yo le daba las gracias por haber sido mi gata y la lamía con mis lágrimas. La mañana que murió le susurré "avisa cuando llegues, para saber que has llegado bien" y esa misma tarde me dormí (no habíamos pegado ojo en toda la noche, ni ella ni yo) y la soñé dormida, súper a gusto, y como si la viera a través de un  cristal de colores, que se reflejaban en su lomo blanco. 
Y fue más que un sueño y supe que había llegado bien. 
La enterré junto a un madroño, en la tierra donde nació. La enterré con sus juguetes favoritos para que persiga avellanas en la otra vida. Y la he echado de menos constantemente, a todas horas, como si una parte de mi cerebro realmente fuera ella y estuviera configurado para buscar su mirada y su ronroneo, estar pendiente de su bienestar. Como si me faltara mi hermana gemela. Sólo me alivió un poco su ausencia tatuármela en el brazo. Para poder verla a todas horas. 

Yo no odié a 2020. Me cae mucho peor 2021, la verdad. Con un montón de expectativas rotas en pedazos, con broncas en la escuela, desengaños, pérdidas. Con el hecho de dejar atrás la que ha sido mi vida tantos años, mi casa diminuta donde fui tan feliz. 

Me gusta esta casa nueva, tan grande, con tanta luz, con su jardín y su piscina y sus infinitas posibilidades. Yo no he firmado la hipoteca pero el precio para mí también ha sido alto. Me ha costado y aún me cuesta, aunque haya sido mi decisión, empezar esta nueva etapa en una ciudad pequeña, donde conozco a muy poca gente, volver a conducir después de tantos años, renunciar al bullicio, a las miles de fruterías, a las tiendas de alimentos del mundo, al metro a 2 min de casa, a Madrid centro. Han sido tantos años que esa ciudad era parte de mi identidad. Y aún no sé bien quién soy a partir de ahora, en esta nueva vida. 

Sí hubo vacunas, aunque no milagrosas. Sí volvimos a abrazarnos, yo nunca había dejado de hacerlo. Se acabó el toque de queda, el confinamiento perimetral, las cuarentenas. No se acabó la mascarilla, ni la desconfianza como nueva anormalidad. Ni las pesadillas. Ni la amenaza sutil y permanente de que todo se puede ir a la mierda de un momento a otro. 

Desayuno. Hace meses que no fumo. Hor estudia, tiene examen el jueves. Así que hago yo la comida, macarrones con tomate y heura. Comemos, me acerca a la escuela porque vamos con prisa y si vamos con prisa prefiero que conduzca él. La otra socia de la escuela nos ha citado a Encarna y a mí para hablar un rato de cosas de la escuela. Pronto será halloween. Cuanto terminamos, contesto un montón de whatsapps de alumnas y gente que quiere apuntarse. La escuela está a reventar y es el primer año que no tengo una gran ilusión por ello. Curro un rato en recepción, después me toca dar dos clases. 
Eso lo sigo disfrutando, aunque tengo que reconocer que cada vez me pesa más el cuerpo y la mente. 

Estoy montando un taller de cosas de vidrio aquí en la casa nueva y pretendo darle duro a ello este año. 
La semana que viene empiezo un curso de joyería y otro de restauración de muebles. Me hace ilusión crear cosas con las manos. 

No alcanzo a imaginar mi vida el año que viene por estas fechas. Igual que no imaginaba cómo sería mi vida este año por estas fechas. Creo que en diciembre iré de nuevo a que me lean el tarot. Sólo para estar medianamente prevenida. 

Termino las clases, Hor me recoge y yo conduzco hasta casa. Cenamos tortilla que me dio mi madre el fin de semana. Vemos First Dates. Le pido que me haga trenzas. Y dan las 00:00. 







lunes, 28 de septiembre de 2020

27 de septiembre - el día que hay que escribir (novena edición) ESPECIAL PANDEMIA

Y van nueve. Todo porque en 1935, el escritor ruso Máximo Gorki propuso que toda persona presente o futura que escribiera, ya fuera de manera profesional o aficionada, narrase un día de su vida: el 27 de septiembre. 

Ya no creo que deje de hacerlo hasta que me muera. En esta ocasión, cuando comienza el domingo 27 de septiembre de 2020, estoy en el salón con Horacio viendo Vikingos en el ático, en Rivas. No estoy de visita. Vivo aquí desde marzo, desde el Estado de Alarma y Pandemia. Esa crítica semana en que todos los planes del mundo mundial se fueron al garete y los supermercados se quedaron sin papel higiénico, agarré a Tití y un par de maletas y nos vinimos para acá. Me acojonaba que cerrasen el metro y quedarme confinada en mi casa diminuta y sin ver a Hor hasta vete a saber cuándo. Así que me vine aquí hasta que la cosa se calmara pero de momento no se ha calmado mucho que digamos. Y aquí seguimos. No me arrepiento: Convivimos bien porque somos buen equipo y nos queremos y nos cuidamos. Pero así es: Nueve años de relación y me vengo a vivir con él no por presión social ni planes de futuro, si no por una jodida pandemia mundial. Es muy bonito y muy apocalíptico confinarte con alguien a quien amas en medio de una pandemia mundial. Es algo que no ocurre en todas las generaciones. 

Voy por mi casa tanto como puedo. Esos ratos trato de habitarla porque creo que lo que no se usa y no se habita, se muere. No sé dónde voy a estar el año que viene. En mi casa, después de un proceso de luchar contra la acumulación, todo estaba exactamente como me gustaba, ni más ni menos. Aquí hemos tenido que negociar espacios, cosas, exceso de cosas que en algún momento me ha agobiado. Es así. Pero la verdad es que ya estoy bastante a gusto. Echo de menos mi barrio. Lo fácil que es ir a cualquier lado desde ahí. Tener todo a mano, el bullicio, las tiendas de comida del mundo y las miles de fruterías. La biblioteca, la tienda de Juan, mi escuela de manualidades. El año pasado estaba a punto de empezar a hacer Tiffany y me ha encantado. Me gusta muchísimo el vidrio de colores, y cortarlo, y pulirlo, encintarlo, soldarlo. Salen cosas mágicas de ahí. Así que he intentado aguantar las manualidades. Voy un par de viernes al mes, aunque septiembre se complicó entre mis visitas al dentista y la cuarentena de mis profes. El puto virus, está en todo. Y no quiero dejar de hacer Tiffany. Es un arte en peligro de extinción y a mí me encantaría ser maestra vidriera algún día. Entre tantas otras cosas que me encantaría ser todavía.

Total, me esperaba un fin del mundo con más saqueos y más caos, pero por el momento hay electricidad, internet, comida para los gatos, agua caliente, la nevera está llena y la escuela abierta, aunque la mitad de las alumnas estén confinadas y todavía debamos clases de marzo. Ya no se hacen planes ni a medio plazo. Todo puede ocurrir. Todo es un videojuego en el que van cambiando las normas y los códigos. Un episodio regulero de Black Mirror. La escuela iba bien. Iba muy muy bien. Hasta marzo de este año. Ahora ya veremos. Quién coño sabe. Trato de disfrutar el día a día de sobrevivir, de haber vuelto a abrir y tener las clases llenas hasta la semana pasada. De seguir volando como acto de resistencia. Sólo sé qué confío en que tendremos fuerza para afrontar lo que venga. Porque es una carrera de resistencia, no de velocidad. Resistencia, no velocidad. Resistencia, no velocidad.

También sé que hay una nueva división de clases: por un lado está la gente que lleva mascarillas quirúrgicas, que hace parecer el mundo un gran quirófano y a todos unos enfermos, y me da bajón existencial (ya me voy acostumbrando a verlas, pero las odio.) Y estamos las personas que llevamos mascarillas de colores o negras,o lo que sea, pero que me hacen sentir más como un ser humano con dignidad, como una Pussy Riot con un cóctel molotov en el bolso. Y cuando me siento así no está tan mal la Pandemia. Y en mi alma de yonki de belleza, lo de la mascarilla no-quirúrgica es un acto de resistencia estética quizá decisivo como especie. 

 (Y seguir amando como acto de resistencia. Y resistir como acto de amor. Estamos en un punto en el que un abrazo es un acto de irresponsabilidad sanitaria. Yo estoy del lado de lxs que arriesgan su vida en un abrazo. Prefiero un abrazo y morir con la certeza de seguir siendo humana. Prefiero ir a una boda de alguien que me importa que no ir. Y a un funeral. Esos actos que se suponía que definen la esencia humana. Yo qué sé. Esto de la pandemia me hace pensar mucho en lo esencial del ser humano. Y mi conclusión es que prefiero morir sabiendo que he vivido.) 

Así que terminamos el episodio de Vikingos y nos vamos a leer y a dormir. Duermo bien. La noche anterior, del vienes al sábado, me había despertado con un ataque de dolor mortífero de ovarios. Me pasa de vez en cuando, esta vez duró solo unos minutos, diez, quince, no sé, en los que me quería arrancar la tripa pero al final pasó y me dormí. Hacía mucho que no me ocurría. Al cabo de unas horas, me estaba bajando la regla. Este año he fumado menos. A temporadas apenas fumo, a temporadas vuelvo. Me tomo a mí misma con paciencia pero es un hecho que cuando fumo menos o no fumo, la menstruación es una broma. Y cuando fumo, me muero de dolor. El universo me dice que cuando fumo me pasan cosas malas y cuando no, me pasan cosas buenas. Pero es difícil luchar contra los hábitos. Intento trabajar lo que hay debajo, la raíz de la adicción. Llevo gran parte de este año con eso. Sanar mierdas. Recordar quién soy. A veces, durante años, se me olvidan cosas de mí. Y luego recuerdo. Ahora tengo menos pesadillas cuando dejo de fumar. Las casas que aparecen en mis sueños ya no están en ruinas, y es un alivio enorme.

Me despierto sobre las diez, Hor poco después. Abro la puerta a Tití para sus paseitos de la mañana. Sale a la terraza, huele el día, bebe agua de su sitio favorito y vuelve a entrar, así varios paseos. No conviven los tres gatos a todas horas. Pero vamos mejor. Tití no había convivido con otros gatos y le cuesta. Hace tres semanas se puso muy malita y pensé que se moría. Era que le empiezan a fallar los riñones, pero han dicho que tal vez con su medicación diaria y la dieta especial y mucho amor y algo de suerte aguante muchos años con la calidad de vida que tiene ahora, que es mucha. Le rezo mucho a la diosa de los gatos para que me permita estar con ella y cuidarla muchos años más, rezo a la diosa de los gatos para que esté bien y feliz, y que se lleve mejor o peor con Ginés y la Enana es secundario. Es un hecho que Ginés la adora y la Enana la respeta. Ha habido momentos y meses muy estresantes pero pedimos ayuda a una etóloga felina y poquito a poco hemos mejorado: No estamos nada mal. Quiero  estudiar auxiliar de veterinaria y ser geriatra felina, para cuidar mejor de Tití. Es un plan para los próximos tiempos.

Y desayuno café con leche de avena, y reviso el móvil de la escuela por si escriben nuevas confinadas y hago una lista de los grupos que hay que reorganizar el lunes a primera hora, y pienso en cosas para las clases de la semana que viene. Hor estudia porque sigue en la uni, se ha cambiado de carrera y está apretando a tope. Después, a la hora de comer, le toca irse a currar, hoy tiene guardia. 

Y después yo tenía plan: Fui a un parque donde hacen acrobacias, verticales, acroyoga y cosas así, en lo que creo que ha sido mi primer acto de vida social en Rivas desde que vivo aquí. Todo porque hace poco conocí por casualidad y por instagram a Darek, personaje extraordinario y espectacular del mundo del circo que me está enseñando a hacer el pino y hoy me ha invitado a entrenar con sus amigxs en el parque. Y ha sido muy guay. Hacía solecito y estábamos descalzxs sobre la hierba y podía mirar cómo hacían sus cosas súper difíciles de gente con superpoderes y que me enseñaran cositas menos difíciles para llegar a hacer esas cosa algún día, y todo el mundo era muy majo y casi casi casi parecía la antigua normalidad (todo lo normal que pueda ser gente haciendo el pino por todas partes. Pero seguro que me habéis entendido) Y ha sido bonito. Muy bien en un 27 de septiembre.

Cuando se fue el sol hubo retirada, y me acercaron a casa y mimé a mi gata, y salió a la terraza, y luego hice mimos y jugué con todos los gatos y convivieron un ratito en paz. Llamé a mis padres. Me di un baño. Al ratito llegó Hor. Cenamos juntos, espárragos con mayonesa, sobras de pizza que estaba muy rica, sopa de ayer. Nada de lujo en la cena de hoy: el lujo es compartirla con él. Y contarnos la tarde y vernos otro episodio de Vikingos antes de que él se vaya a estudiar y yo a escribir este día.

Y aquí, en la habitación de Tití, me sirvo una copita de vino blanco y una bolsa de pipas para celebrar este 27 de septiembre, y abro este viejo blog. Releo mis anteriores 27 de septiembre, pienso en cómo ha ido cambiando mi vida (la verdad es que todo para bien) y en la inmensa suerte que es seguir escuchando a Tití ronronear mientras escribo, año tras año. Hor viene a darme un beso. Le abrazaré en cuando termine de escribir y me vaya a dormir, preparada para otra semana de trepidantes aventuras, consejos de ministros y confinamientos selectivos o no. ¿Tendremos que cerrar la escuela? ¿Conseguiré hacer el pino? 

¿Habrá Tercera Ola, Nuevas Cepas, Milagrosas Vacunas? ¿Habrá algún día una Nueva Antigua Normalidad? ¿O sólo una Realidad Real con sus hostias en racimo? ¿Seremos felices a pesar de todo? ¿Tenemos lo que nos merecemos? ¿Lo que consentimos? ¿Lo que atraemos? 

¿Desde cuándo no engrasa usted las bisagras de las compuertas que dan acceso a su único e irrepetible Mundo Interior? ¿Se ha mirado por dentro últimamente? ¿Le gusta lo que ha visto? ¿Tiene los minerales adecuados para alinear sus chakras durante el próximo confinamiento? ¿Será el creciente negocio de las fotos de pies algo a tener en cuenta para el futuro de la humanidad autónoma? Sin duda lo mejor y lo más extravagante está por venir. Encuentre todas las respuestas en la próxima edición 2021: ¡Especial diez años de 27 de septiembres!



                                                   







viernes, 27 de septiembre de 2019

27 de septiembre - el día que hay que escribir (octava edición)


...y todo porque en 1935, Máximo Gorki propuso que todo escritor, reconocido, aspirante o aficionado, narrase este día de su vida. ¿Llegaré a escribir en el centenario de esta iniciativa? Ya van ocho...

Y cuando dan las 00.00 estoy en casa, con Tití como una cachorra con ganas de jugar (perseguir avellanas es nuestro nuevo juego favorito) y siempre rezo al dios de los gatos que me permita tenerla conmigo muchas ediciones más.

Hor me escribe, hoy no nos vemos pero nos mensajeamos, y van más de ocho años juntos ya.

En lo que ya es mi propia tradición, releo mis anteriores ediciones del 27 de septiembre y respecto al anterior:

No, no seguí meditando de manera habitual, aunque me ayudó mucho el año pasado y de vez en cuando lo hago y de vez en cuando me propongo establecerlo como un hábito.

Dejé el Krav Maga en enero de este año, cuando decidí presentarme a la competición IPSF de Pole Artistic, para centrarme en entrenar y reducir los riesgos de lesionarme. En los regionales me fue muy mal, fatal. Y tras mucha incertidumbre al final fui a la competición nacional en julio y me fue mucho mejor. Ha sido uno de los momentos más bonitos de este año. Oviedo me trató genial. La verdad es que desde el primer momento sentí que todo iba a ir bien, y creo que por primera vez Hor estaba más nervioso que yo. Y la actuación salió bien (con eso yo ya tenía suficiente) y además contra todo pronóstico hice podio: fui bronce con 57,6 puntos lo cual superó mis expectativas y me hizo llorar de emoción como una idiota feliz.

Dejé de fumar dos meses antes de eso. He tenido alguna recaída pero en general lo he llevado mejor de lo que pensaba. Los vapeadores me han ayudado mucho. Ahora vapeo, y me encanta, y si acaso me echo algún piti cuando me invita alguna amiga fumadora, y así pienso seguir. Me ahorro una pasta, no toso, y mi casa y yo olemos bien, entre otros muchos beneficios. Lo único malo fueron las pesadillas que he tenido durante meses, pero ya van remitiendo.

Este año el 27 de septiembre cae en viernes y este año los viernes libro,  no me toca ir a la escuela, pero ahí seguimos, on fire y casi con lista de espera en las clases. Una pasada. Cuatro años después, seguimos dándolo todo por enseñar a la gente a volar, y es muy bonito.

Así que me levanto a las 10 como una señora, me tomo un café y vapeo, reviso y respondo mails de la escuela y  me doy una ducha. Y en vista del calorcito y sol que hace, me pongo un vestido gris camisetero y unas zapas de leopardo y me voy a la búsqueda de unos zapatos para la boda que tengo la semana que viene. Mis pies son tan feos que me cuesta encontrar unos zapatos que los disimulen pero bueno, al final encuentro unos que me convencen y por el camino unos pendientes de lunas preciosos, y vuelvo a casa ya a la hora de comer.

Me preparo una ensalada de salmón ahumado, alcachofas, pimiento, tomate, cebolla y huevos cocidos que me encanta, y escribo a mi peluquera a ver si tiene hueco esta tarde. Pero no, está de vacaciones y me dice que me apañe yo y que no le ponga los cuernos, y es verdad que ya la tengo enseñada y no me apetece ir a otra, así que me armo de paciencia para hacerme yo misma la decoloración de mis raíces con muuuchas canas, y luego me pongo el tinte. Mientras lo dejo actuar pongo la lavadora, paso el aspirador, limpio rincones, hago la cama, cambio la arena de Tití, friego platos, y apaño la casa en general. En estos momentos es cuando me alegro mucho de no tener una casa más grande.

También me arreglo las uñas y me las pinto de verdeazulado y de vez en cuando noto pequeñas molestias en la tripa porque está a punto de venirme la regla. Y digo pequeñas, porque desde que dejé de fumar, para mi gran sorpresa, no he tenido que tomar ni un  sólo calmante. Los primeros meses me pareció una casualidad extraña, pero luego tuve que asumir que no era casualidad. No sé qué relación hay, está claro para mí que la había y es una gran motivación para no volver. Porque yo antes me moría del puto dolor, y ahora lo más que tengo es una pequeña molestia, que no es suficiente para plantearme tomar nada. Alucinante. Puede que sea lo más radical de haber dejado de fumar, y si lo llego a saber...lo hubiera dejado hace jodidos lustros.

Son las 20:11 y está empezando a anochecer, los días son ya más cortos y el otoño se nos echa encima una vez más. O una menos. No me espero a que acabe el día para escribirlo, porque me reservo estas horas que quedan para mí: aún llevo puesto el tinte y pienso darme una ducha deluxe en cuanto acabe de escribir esta entrada. Después me secaré el pelo, llamaré a mi madre, daré de cenar a Tití (que ahora mismo está dormidísima y roncando en la cama de su nuevo súper rascador que le compré hace poco) y quizá pida sushi para mí, porque tengo gran antojo y acabo de cobrar y me lo ahorro en fumar y es un lujo que me encanta permitirme.

Hablando de lujos, la semana que viene comienzo un curso de Tiffany, para hacer cosas preciosas con cristal tintado, estaño y estas manitas. Viene después de haber pasado este año haciendo manualidades en una tienda-escuela de mi barrio que me ha encantado. Me especialicé en muñecas de papel, pero siempre tuve ganas de aprender a hacer Tiffany y el momento está por llegar. Otra cosa que pasó este año y que ya empezaba  bullir el anterior 27 de septiembre es que hice un Kondo en casa y en mi alma. Me desprendí de un montón de ropa, objetos e incluso personas que no me aportaban nada y sólo me causaban ruido y carga mental. Y me quedé más a gusto que dios.

Quizá vea First Dates, quizá me vicie con la última temporada de Glow, quizá, quizá, quizá. Me estoy  tomando una cerveza doble lúpulo que es la última que me queda. Con algún vicio tenía que compensar el no fumar...

Y así, un día tranquilo, casero y feliz, transcurre este 27 de septiembre.

Porque un buen día lo tiene cualquiera.


bird of fucking paradise


...un buen día lo tiene cualquiera

viernes, 28 de septiembre de 2018

27 de septiembre - el día que hay escribir (séptima edición)


Máximo Gorki propuso en 1935 que todo escritor, aspirante, reconocido o anónimo, profesional o aficionado, narrase un día de su vida: el 27 de septiembre. Este 27 de septiembre de 2018 es mi séptima edición...¿acabaré haciendo un Christa Wolf,  que le pilló el gustito y escribió 40 ediciones? 


Cuando dan las 00:00 estoy sentada frente al ordenador, con Tití ronroneando en mis piernas (por favor, Tití: quédate conmigo muchísimas ediciones más) y pensando en que no debo tardar mucho en irme a meditar y a dormir. 

Sí, a meditar...después de unos meses bastante plof en los que no conseguía quitarme la ansiedad, el desencanto, la tristeza y el ruido mental de ninguna de mis maneras, empecé a probar con la meditación por mi cuenta, con youtube y google como maestros...un día conseguí una sensación increíble y los demás, sólo un buen dolor de cabeza.  Así que empecé a buscar escuelas, cursos...algo para poder aprender, y que no fuera religioso ni sectario. Encontré la meditación ACEM y me hice el curso para principiantes el fin de semana pasado. (Y entonces tuve un maestro de carne y hueso que lleva cincuenta años meditando y tiene toda la cara de Viggo Mortensen) Me sentí lo bien que te sientes cuando encuentras algo que funciona, que es válido para ti. De momento funciona para mí. Sólo llevo unos días pero YA se apagó la puta lavadora que tenía todo el día centrifugando dentro de mi cabeza. Está siendo un bálsamo para mi cerebro requemado, cual masaje con amor y aftersun. (Me produce mucha curiosidad qué será de esto, de aquí al próximo 27 de septiembre. Si me cansaré, dejará de tener este efecto, si lo dejaré cualquier día o seguiré de aquí a entonces.) 


Total, que preparo la ropa y las cosas para hoy, y me voy a meditar sabiendo que me quedaré dormida haciéndolo, como ocurrió. Y la alarma suena a las 7:52 de la mañana. Me doy una ducha, me pongo un pantalón de chándal, y una camiseta de tirantes gris (todavía hace calor veraniego) me tomo dos cafés, fumo y salgo de casa a las 9:00. Apenas dos minutos después piso una mierda fresca: así, empezando bien el día. Menos mal que poco más adelante han tirado en la calle el típico agua de fregar de algún portal y me limpio en un charquito. 


Veintitrés paradas de metro en la línea 1 después, llego a la escuela. Aquí seguimos, y más que eso: en las clases de pole dance hay llenazo total, y el resto de actividades en general va cada vez mejor. Sigue siendo bonito. Sigue siendo el curro de mi vida, probablemente. Encarna ha llegado antes que yo porque no ha pillado atasco. Este año ya no voy a la escuela los jueves por la mañana, pero hoy Áurea me lo pidió porque su pequeñajo, (que el año pasado en esta fecha era una cosa diminuta dentro de su barriga) tenía una cita médica que no podía cambiar (y todo está bien) así que voy a echar el día aquí. Encarna da las clases, yo me quedo en la recepción contestando whatsapps, mails, llamadas, repasando horarios del mes que viene, publicando en las redes, atendiendo a quien entra, a las alumnas que llegan y se van, lo típico. Desde la clase de vez en cuando llegan gritos de alegría, ánimo, aplausos, jolgorio. Mola mucho. 

Cuando acaban las clases y Encarna vuelve a la recepción nos enganchamos al vuelo a un sorteo online en el que no ganamos nada pero estuvimos cerquísima, joder. Fue bastante injusto pero nos lo hemos pasado bien. Nos vamos a comer juntas a un bar cercano que conozco porque a veces voy a comer allí con Hor. Este 27 de septiembre no nos vemos... Él tiene clases toda la mañana (¡ha vuelto a la universidad!) y yo acabaré tarde por la noche. El caso es que comemos juntas: dos ensaladas camperas, pechuga de pollo para ella y calamares para mí. Postre (tarta de queso para ella y flan para mí) Postre Y café, por favor. (Odio a quien inventó el postre Ó café. Era alguien que no sabía disfrutar de la vida.) Nos tomamos el café afuera y a la sombra, que al sol hace calor de verdad. Hablamos de los próximos tatuajes que nos vamos a hacer. El mío serán tres caracoles.

Volvemos a la escuela y de camino es Encarna la que pisa una mierda, y nos reímos porque siendo así CLARO que teníamos que haber ganado el sorteo. ¡Tendríamos que haber echado el euromillones hoy! la semana pasada acerté 2 números y 1 estrella,  récord que sólo igualé otra vez.  Pero a veces me tocan cosas en los sorteos, y quien me conoce lo sabe. Llegamos a la escuela y entrenamos un rato. Tengo muchas ganas de probar una cosa y nos ponemos con ello. Como suele pasar, en el vídeo se ve facilísimo pero luego es más difícil y nos lleva un ratito de pruebas y progresiones hasta que lo sacamos. Oh sí, gente

Es hora de abrir la recepción. Vienen las niñas de Pole Kids, las más peques: tienen entre cuatro y siete años y son una monada, literalmente. Quiero entrar a verlas un rato porque las dos últimas semanas di esa clase, pero hay jaleillo de gente entrando a preguntar y demás, y al final se me pasa la hora volando, y me toca dar mi clase de 18h a 19h, con algunas de las más veteranas de la escuela, AKA Pole Yonkis. Hacemos unos cuantos combos muy chulos, algunas practican Ayshas, mariposas voladas y escuadras. Algunas en este grupo  ya estaban aquí el primer 27 de septiembre de la escuela, apenas empezando a trepar, a girar, a invertir...y ya hacen cosas con las que al principio ni soñaban. Es tan flipante, y nos ha pasado a tantas...Termina la clase, (se ha dado muy bien) y charlamos un poco afuera y llega Áurea con un montón de refrescos y cosas para la fiesta de vuelta al cole que damos mañana en la escuela. Un no parar. 


Sobre las 20:15 salgo de la escuela...y me voy a mi clase de krav maga.  Me tomo un batido de proteínas por el camino, y también merendé antes. Porque si no, hoy me da un parraque en la clase. Llevo este mes y me está encantando. Es como jugar a pressing catch pero con trucazos (que algún día me saldrán. De momento hago lo que puedo) Todo lo poco competitiva que soy para lo demás de la vida, no aplica en la lucha cuerpo a cuerpo. He recordado que me jode que me puedan. Iba súper cansada del día...se me ha pasado por la cabeza no ir,  pero luego me he alegrado de hacerlo. Abel, nuestro profe, se va a vivir al extranjero y hoy se despedía. Ha venido con el que va a ser nuestro próximo profe, y su supervisor.  Ambos con una pinta que te cagas de tipos duros. Hemos hecho "juegos" (de tirarnos por los suelos y pelear como desgraciaos) hasta acabar reventadxs. Y a ver qué nos espera con el profe nuevo...

Casi a las 23:30 estoy llegando a casa. Me doy una ducha, doy de cenar a Tití, y por pereza y cansancio me abro una lata de sardinas, hago una ensalada y luego me como un yogur y un puñado de higos (y un helado, y como media bolsa de pipas) y he cenado como una diosa. Me entretengo buscando más cascadas de pole dance. Pienso que ahora mismo me pondré a escribir...al final tardo un rato. Me hago un té, Tití se tumba en mis piernas, intercambio audios con Hor. El otro día me contó que ya están para estrenar la peli de José Luis Cuerda en la que al final no nos cogieron como figurantes. Es una pena pero iremos a verla igual. Me manda un vídeo de Janis lamiendo a Ginés con mucho amor. Ginés ya está enorme y es un pesado adorable. 

Tengo este sueño que al final te desvela y por eso me paso tres horas del 27, y ya es 28 recién estrenado cuando comienzo a escribir esta edición. Ahora me tomaré el último tecito y me iré a meditar hasta que me duerma. Hoy ha sido un poco palmada en cuanto a meditación, pero no había más horas...mañana volveré a hacerlo.  

Y aquí está: un 27 de septiembre más (y uno menos). 


jueves, 28 de septiembre de 2017

el día que hay que escribir (sexta edición)

Máximo Gorki propuso en 1935 que todo escritor, aspirante, reconocido o anónimo, profesional o aficionado, narrase un día de su vida: el 27 de septiembre. Y esta, año 2017, es mi sexta edición ¿llegaré a conmemorar el centenario de esta idea? Me encantaría...

Estoy sumergida en un bañera llena de agua más que tibia, en un ático de Rivas Vaciamadrid.
He dejado a Hor en el salón viendo masterchef. Cuando duermo en su casa, rara vez perdono un baño. Y menos en 27 de septiembre. No sé si lo de bañarme es necesidad o es vicio, pero me encanta todo lo que tenga que ver con bañeras, baños, termas... agua caliente y poco profunda en general.

Por el borde de la bañera se pasea Ginés, el gatuno que nos trajimos de Murcia este verano. Tiene unos 5 meses, es precioso y cuando le vi en aquel chiringuito supe que era el hermanito ideal para la gata de Hor, que adoptamos hace cinco veranos. No sé si es ideal, porque desde que cogió confianza es pesadísimo y la tiene hasta el moño, pero es evidente que le ha sentado genial la compañía. Algún día Ginesillo crecerá y se calmará un poco y no le saltará al cuello cada dos minutos. Por ahora son mucho más entretenidos de mirar que la tele.

La Enana Joplin siempre acude cuando se ducha Hor, y por lo visto Ginesillo ha decidido acompañarme en mis baños. Ha estado a punto de caerse pero le da igual: sigue y sigue y sigue paseándose.  Varias veces olisquea el agua y estornuda, y vuelve a hacerlo una y otra vez. Si dejo de mirarle se pone a maullar. Es pesadísimo y genial.

Me paso una hora en la bañera. Salgo arrugada, voy al salón y llego justo para ver cómo expulsan a Carlos Baute. Me voy a dormir y Hor se queda escribiendo. Se acuesta tardísimo, yo tardo un rato en dormirme pero no le siento llegar a la cama.

Hemos puesto la alarma a las 8. Me despierto cinco minutos antes, porque siento pasos en la casa. Es Luz, la señora que viene los miércoles a casa de Hor para ayudarle con la plancha y la limpieza. Él apura en la cama un rato, pero yo me levanto, hago café y me lo tomo en el salón mientras Luz plancha y me cuenta un montón de cosas. Yo nunca duermo los martes aquí, así que nunca estoy los miércoles por la mañana, y apenas he coincidido una vez antes de hoy con Luz. Claramente está más despierta que yo, que sólo alcanzo a intentar ser amable. Es como cuando Hor se levanta y yo ya llevo dos cafés y estoy espídica y no paro de contarle cosas. Uf.

Cuando estamos listos, nos vamos a Toledo. Vamos a un casting de extras para la próxima peli de José Luis Cuerda. Me hace mucha ilu pero tenemos pocas esperanzas de que me seleccionen, porque los extras con pelo de colores son algo que ni recuerdo haber visto. Pero igual pillan a Hor.  En realidad le convencí para venir porque era el 27 de septiembre y así tenía algo guay que escribir en esta edición. Así fue: llegamos al centro social en cuestión, esperamos un poquillo pero no mucho, y pasamos al auditorio con bastante gente haciendo cola, en cuyo escenario te registraban y te hacían una foto. Me tocó la pegatina número 444. Resulta que la peli está ambientada en un postapocalíptico año 9177 y me el chico me preguntó mi disponibilidad y me dijo "es que...no sé, pero creo que te cogerán...tu pelo pega con el rollo postapocalíptico".

Mi pelo podría estar de moda dentro de 7000 años. Ahí lo dejo.

Nos echamos unas risas con la tontería. Y no encontramos ni un jodido bar abierto en los alrededores. Así que, como la cosa había ido genial, volvimos a Madrid. A pasar por mi casa para ver si nos daba tiempo a descansar un poco antes de irnos a currar.

En mi casa, Hor publicó esta nota tan bonita. Un juego dentro de otro juego. Pedimos comida china. Nos tumbamos un ratín lo que llegaba la comida. Tardaba. Tardaba. Tardaba. Tardó una hora. Cuando me despierto, Hor está llamando al chino a preguntar qué pasa y a los 2 min suena el telefonillo.

Comemos y él se va en seguida a su curro, yo me tomo otro café, hago cuatro cosillas en casa y las 15:45 estoy saliendo. Atravieso Madrid casi entero en metro y antes de las 17h llego a la escuela. Estoy limpiando un poco antes de abrir cuando llega Encarna. Mi antigua compi de piso, hermanita pequeña adoptada, y cuarto miembro fundamental en Pole&Roll. En cuanto subimos el cierre empieza el jaleo: vienen los niños para su clase de Pole Kids. Suena el teléfono. Entra gente a preguntar. A ser posible, todo a la vez. En un momento de paz, salgo a fumar con una alumna que es mami de un niño que viene a Pole Kids. Charlamos un poquito pero tengo que seguir con el curro de la recepción.

Llega Áurea, con su tripita incipiente que contiene a un futuro acróbata, seguro. Hablamos de cosas de la escuela. Está todo petado. Es muy fuerte. Necesitaríamos otra sala de Pole.

Hoy sólo doy una clase: es mi día más relajado. A un grupo de alumnas muy nuevas. Todavía están flipando mucho con todo. Hacemos algunos giros, escalamos, salen cosas. Siempre salen cosas bonitas. No me he cansado. Todavía no me he cansado. Me sigue flipando explicar, enseñar, compartir el secreto de volar. A veces se lo veo en la cara. Desde la primera clase. Que ya están atrapadas y que no lo podrán dejar. Que les acaba de dar un vuelco el alma como me pasó a mí. Me miran y flipan como yo cuando miraba a mi profe. Esas primeras veces que ves Pole en directo. Cómo olvidarlo: es muy mágico. Ver a alguien volar con naturalidad, que parezca que no cuesta. Yo a veces pensaba que sólo por ir a ver a mi profe hacer las cosas, ya valía la pena pagar la clase.

Así que es una clase muy amena y salen contentas y me quedo en la recepción otro rato de puto no parar. Y cuando son las 21:20 me voy a buscar a Hor a la salida de su curro. No solemos llevar tantísimo trajín pero lo de Toledo nos ha descuadrado el puzzle que hacemos cada semana para compaginar casas, gatos, vernos, querernos. Y esta noche volvemos a su casa. Iba sobradísima de tiempo, pero el primer metro no admitía viajeros, y el segundo se paró mucho rato en Villa de Vallecas por un problema técnico, así que al final llego justita. Bendito pero puto metro a veces.

Cenamos comida china de la que sobró a mediodía. Vemos 'Quien quiere casarse con mi hijo'. Lo que yo clasifico como telebasura de calidad. Me hace mucha gracia, pero también estoy muy cansada, hemos dormido muy poco y trotado mucho, y voy a despedir el 27 de septiembre otra vez en la bañera.

Ginés viene a hacerme compañía. Y ya entiendo lo de ayer.  No olisqueaba el agua: quiere beber, pero como está caliente no le gusta. Pero vuelve a probar. Por si se ha enfriado, supongo...

Se acaba el 27 de septiembre.

Anexo: Me tomo el espidifen que me había reservado para una posible urgencia de madrugada. Porque una muela me lleva doliendo un par de días y hoy ha ido a peor. No lo he dicho hasta ahora para que no me jodiera el día, que ha estado muy bien. Pero me duele, y me sube el dolor mientras me baño. Me doy masajitos en mi pobre cabeza de bruxista y me duele todo. Supongo que se junta una cosa con la otra. Justamente esta medicina y no otra, me hace un efecto instantáneo. Y espero que me dure el efecto toda la noche, porque el 28 va a ser un día largo. Nos vamos a la cama y tengo por delante 8h 32 min., dice la alarma. Ha sido un 27 de septiembre muy digno, Gorki.

(pero eso fue antes de despertarme del dolor, pensando que serían las 7 o las 8, y eran las putas 2:30h. antes de irme a rumiar mi miseria al salón, y que me acompañara Ginesillo con ganas locas de jugar, mordiéndome los dedos y cazándome sin parar, antes de pasarme hora y media sin saber qué hacer, dando vueltas en el sofá, con el dolor disparando rayos desde la muela jodida a la inserción de la mandíbula, a las muelas de abajo, a la sien, al ojo. una mano gigante y cabrona apretándome la cabeza por dentro. pero esa es otra historia)






miércoles, 28 de septiembre de 2016

27 de septiembre - el día que hay que escribir (quinta edición)

Máximo Gorki propuso en 1935 que todo escritor, aspirante, reconocido o anónimo, profesional o aficionado, narrase un día de su vida: el 27 de septiembre. Y esta, la edición de 2016, es mi quinto año consecutivo narrando mi 27 de septiembre. 


Cuando empieza el día, las 00:00, estoy tirada en el sofá de mi casa con Hor y con la gata haciendo runrún cerca de nosotros. Estamos viendo Bates Motel, la serie precuela de Psicosis. Llevamos una temporada aficionados a las series...nos bebemos una y empezamos otra. Leemos poco. Escribimos menos. Yo lo echo de menos, a veces. Poder pasarme el día escribiendo. O mejor dicho las noches. Y de un  tiempo a esta parte se me da peor trasnochar. Mi trabajo es demasiado físico y necesito dormir, no hay cuerpo que aguante como antes, durmiendo 4 o 5 horas a deshora. 

Enlazamos un capítulo tras otro y nos dan las 2. Nos vamos a la cama y Hor me hace cosquillas hasta  que me duermo. 

Nos despertamos sobre las 9. Él se va a trabajar y yo me quedo en casa trabajando. Hay que organizar todos los grupos nuevos para octubre. ¿Qué grupos? Los de las actividades de la escuela de danza que montamos hace un año y que sigue en pie y con perspectivas alentadoras.

A veces me da miedo despertarme y que todo haya sido un sueño.
A veces me da miedo despertarme y que todo esto de volar, de dedicarme a enseñar a volar, de tener un curro tan bonito en el que los días se me hacen cortos, sea un sueño.
A veces me imagino que nunca hubiera descubierto el pole dance y no tengo ni puñetera idea de qué habría sido mi vida sin ello, pero sería aburrida y estaría frustrada sin saber qué es ese algo que me faltaba y que nunca encontraba. 



Me enamoré. Es así. Lo probé, me enamoré y no lo he dejado desde que lo conocí. 

Así que Hor se va a trabajar y yo me quedo en casa enviando chorrocientos whatsapps, haciendo llamadas, respondiendo llamadas; anotando, borrando, tachando y reanotando en mi cuaderno. 

Cuando quiero darme cuenta es la 1 de la tarde y sigo en pijama. No me he movido de la silla desde las 9:30 y ahora sí, meto el turbo a la casa: me doy una ducha, me visto con unos leggins de flores, una camiseta azul con un dibujo de un conejo y debajo la frase 'My life is like a song'. Recojo la ropa tendida, la guardo en el armario (nunca plancho la ropa) y paso la mopa a la casa. Preparo algo de comer: Espaguetis con berberechos, milanesas de soja y una ensalada de postre: rabanitos, naranja en trozos, uvas y unas hojas de lechuga. Tremenda combinación.

Salgo de casa sobre las 15:30. La línea de metro que me lleva hasta la escuela está de obras, así que tengo que hacer un gymkana con 3 transbordos hasta llegar allí, casi a las 17h. Cuento los días para que vuelvan a abrir la línea 1. Aprovecho el viaje para responder más mensajes, devolver alguna llamada y preparar las clases de esta tarde: un grupo de niñas y dos grupos de adultas. 

A las 17:30 llegan las niñas: hoy la clase está al completo. Me encanta dar clase a las enanas aunque es agotador. Es como dar dos clases de adultos. En cuanto pueden, trepan hasta arriba hasta por las paredes. Son temerarias y no ven el peligro. Hacen exactamente lo que les he dicho que no pueden hacer. En cuanto algo no les sale se ponen a hacer lo que les sale del mambo. Entretanto, les enseño giros molones y figuras que dejarán boquiabierto a cualquiera en el parque, donde sé que luego practican todo. Son pequeñas ninjas voladoras, o lo serán si hacen caso y aprenden a volar.
Las madres se asoman al final de clase y no pueden dejar de flipar con lo que hacen sus niñas. Y a mí me encanta mi trabajo. 

Luego llegan las mayores: más disciplinadas pero las risas, los gritos, el buen rollo de la clase y la adrenalina y serotonina ambiental no tiene nada que envidiar a la clase de las niñas. Hoy se marcan Jades, una figura muy deseada que es un hito conseguir. Y lo van consiguiendo. Chicas que llevan un año, y que hace mucho que hacen cosas que nunca se imaginaron que llegarían a hacer. Lo pasamos en grande y aplaudimos al final de las clases. 

Lo mismo en el segundo grupo: Allegras, Supermanes, Mariposas extendidas, Monos, Pececitos y demás seres desfilan en una clase de chicas que se van doloridas pero felices de haber conseguido nuevos retos. O picadas por no haber conseguido su reto de hoy. Mañana lo lograrán. El pole es un proceso, y a veces no compensa tener prisa. 

Hor aparece en la escuela sólo para darme un beso camino de su casa. Le veo al otro lado del ojo de buey que hay en la puerta de clase, y salgo un momento a darnos un arrumaco. Hoy no dormimos juntos, cada mochuelo se va a su olivo. La gata de cada cual demanda a su humano.

Acaban las clases. Cierro la escuela. Una amiga me está esperando al terminar su clase y me acerca en coche hasta un metro que me viene bien. Charlamos por el camino y planeamos quedar con más compis un viernes de éstos. 

Son más de las 23 cuando llego a casa. Respondo a las demandas de mimos de la gata y me preparo algo de cena: bocadillo de salmón, tomate y queso fresco. Me lo como intercalado con carreras y escondites con la gata. Dan las 12. Se acaba al día. 

Ojalá tuvieran más horas. Ojalá me hubiera dado tiempo a más. 
Tecleo la dirección de este blog, mi blog...compruebo que aún existe. Le quito las telarañas. Miro las estadísticas. Tengo unas quinientas visitas al mes. Me parece muchísimo, dado que ya no escribo. 
Leo los anteriores 27 de septiembre. Me gusta mucho cómo ha ido cambiando mi vida. 

Me quedaría aquí un tiempito más. Girando, volando, dejándonos los cuernos por un sueño. Con todo el sacrificio que conlleva. Con todo el esfuerzo que conlleva. Con toda la paciencia que conlleva. 
Con todos los callos. 


Y entonces pulso 'entrada nueva' y me da como vertiguillo. Más que hacer un russian layback. Y noto ese cosquilleo y me pongo a escribir el día que hay que escribir.

do what you love what you do




jueves, 8 de octubre de 2015

27 de septiembre - el día que hay que escribir (aunque sea con retraso)


Maximo Gorki propuso en 1935 que todo escritor, aspirante a, aficionado, espontáneo o anónimo narrara alguna vez un día de su vida, en concreto el 27 de septiembre. Ya es la cuarta vez que lo hago...esta vez el 27 de septiembre llega con retraso. Pero llega. Y este fue mi 27 de septiembre de 2015.


Cuando comienza el día, a las 0:00, estoy en casa, con la gata ya dormida sobre mis piernas. Ha terminado un día largo de Jornada de Puertas Abiertas en Pole&Roll, la escuela de danza, fitness y pole dance que acabamos de inaugurar en Vallecas (Madrid), que han fundado Hor, Áurea y el cuñado de Áurea y en la que me llevo dejando el alma, el sudor y la piel los últimos meses. Y el día ha ido bien. Mucha gente probando las clases, buenas perspectivas y una apertura esperanzadora, después de una obra desesperante.



Pues sí. En cuatro años de narración, tres lugares diferentes. Eso hace relativizar por un lado (dónde estaré el año que viene) y querer echar raíces por otro (ojalá me quedara aquí un tiempito). Ojalá me pudiera jubilar dando clases de pole dance. Ojalá.



Pongo la tele de fondo. Miro vídeos de pole. Me relajo, después de muchos muchos días de muchísimo trabajo. El 27 de septiembre de 2015 cae en domingo y es el primero en el que realmente descanso desde hace un mes o así. No pongo el despertador. Duermo mucho, muy a gusto, y me despierto y duermo un rato más, y cuando por fin me levanto no son ni las 11 y hace un sol estupendo. 



Desayuno café con leche de avena y fumo...lo dejé y volví. Fue el intento más serio de los últimos años, pero ya volví hace meses, y fumo. Friego cacharros, hago la cama, cambio la arena de la gata y me voy a dar una vuelta por el barrio, simplemente para que me dé el aire y el sol del último coletazo del verano. Y compro unos cruasanes para Hor y unos donuts de chocolate para mí. Por puro capricho. 



Vuelvo a casa, y como tortilla y pimientos fritos que me trajo mi madre ayer a la escuela. Vinieron mis padres y mi hermano a ver cómo había quedado, y por supuesto me trajo unos tuppers y unas viandas ricas. Así que lo tengo hecho. La gata come conmigo. Literalmente. Le encanta la tortilla.

Por fin, un día así. Un 27 de septiembre así. Me paso la tarde tirada vilmente, viendo pelis de sobremesa que intercalo con tareas suaves como hacer listas de cosas por hacer o contestar guasaps atrasados. Hor viene a la noche, y le preparo un guiso de mijo que he perfeccionado hace poco y que le encanta. Y nos comemos los cruasanes y los donuts, y nos vemos un par de capítulos de Hannibal, antes de caer dormidos y abrazados en el sofá, antes de otra semana dura, intensa, llena de aventuras y de imprevistos, de sonrisas nuevas y otras ya conocidas, de alegrías y de sustos, de dejarnos la piel, como cada día de cada año, en seguir viviendo nuestra jodida obra de arte. 




                                            

...y estamos tan cerquita. que estamos dentro, aquí, ya.