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miércoles, 12 de marzo de 2014

suburbanos: la encina de Claudio Rodríguez en Alto de Extremadura


muy cerca de mi anterior escuela de pole dance estaba la calle del porvenir, que siempre me dio buen rollo.
ahora mismo voy a otro lado, cerca del metro Cartagena, y paso por la calle Constancia de camino al gimnasio. 

(y pronto cambiaré de sitio. y en la salida del metro del nuevo sitio me he encontrado con esta encina de Claudio Rodríguez )
(los estímulos rutinarios. me gustan. como ver a los patos en el estanque,
cada día al salir de mi último curro -a la hora de entrar casi nunca estaban-
 como ver a los gatos del tejado de una casa de Alcalá,
desde el tren, todas las mañanas, cuando iba a la universidad,
como el acordeonista de Avenida de América, 
o pasar por la estación fantasma de Chamberí,
cada trayecto tiene sus estímulos rutinarios. y me gustan)

viernes, 25 de febrero de 2011

Claudio Rodríguez- Ajeno

Largo se le hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y duro del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
le refresca y le yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.


es perfecto. tanto que no importa si antes pensara igual y ahora ya no lo sé