viernes, 2 de octubre de 2026

27 de septiembre - el día que hay que escribir (decimoquinta edición)

 

Máximo Gorki propuso en 1935 que todo escritor, aspirante, reconocido o anónimo, profesional o aficionado, narrase un día de su vida: el 27 de septiembre.
El sábado 27 de septiembre de 2026,  es mi decimoquinta edición (con unos días de  retraso) 


Me puse el despertador  a las 7:51, pero no llega a sonar porque me despierto a las 7:50. Es domingo, ¿qué hago poniendo el despertador a esa hora? Pues que hubo luna llena, la luna de la cosecha. Hice agua de luna y la dejé fuera. Tengo que recogerla antes del amanecer, que ses a las 8:04. 

Bajo las escaleras, salgo al jardín, recojo la jarra de agua. El cielo está precioso, esa mezcla de rosa, amarillo, naranja, lila, azul y nubes que reflejan los colores. Lo admiro y por un momento pienso en quedarme ya despierta, pero me dormí tarde y prefiero volver a la cama. Antes de eso, guardo el agua de luna en una botella y en mi escritorio de bruja donde no le llegue el sol. 

Me vuelvo a despertar a eso de las diez. Horacio también está ya por despertarse. Hoy hemos dormido por separado, lujos de tener una casa grande. 
Desayuno te matcha con leche de avena, que es lo que me gusta desayunar cuando no tengo obligaciones que requieran espabilarme rápido. 
Hago mi rutina: le doy unos premios a Nadine y a Ginés, por ahí está Rita. Es la nueva gatita que adoptamos en marzo. Es un gremlin, no es una gata exactamente fácil pero ya está muy asentada, bastante más tranquila que cuando llegó, y la queremos mucho. Es nuestra niña feral. 
Luego limpio los areneros, me doy una ducha, me visto. Llevo unos vaqueros por las rodillas, de estampado de leopardo y una camiseta de tirantes verde. 

Nos vamos a mi antiguo barrio a comer en un sitio que nos gusta, porque justo hoy tengo por allí un masaje que me regaló Encarna por mi cumple y que no había encontrado momento de canjear. 
Nos va de coña. Abrimos la escuelita en plazos, se llenó, siguió llena, sigue a tope. Estamos a punto de cumplir un año. La hemos decorado a nuestro gusto, tenemos nueve barras, los grupos llenos, está siendo una época súper feliz. Somos las jefas de nuestro reino. Amamos lo que hacemos, nos llevamos genial, la mayoría del tiempo no se siente como un trabajo. Somos unas jodidas privilegiadas. Lo conseguimos, es un sueño materializado. Un sueño lúcido, que fue el título de  la gala de fin de curso. Horacio nos ayuda en todo lo administrativo (bendito sea) y nosotras damos el callo en el día a día. 250 alumnas, se dice pronto. Cruzo dedos y escondo runas en rincones estratégicos para seguir así mucho tiempo. 

Así que vamos al Ind-Thai, últimamente siempre que vamos a mi antiguo barrio comemos allí. Sopa para Hor, ensalada de papaya verde para mí, fideos con verduras súper sabrosos para compartir. El postre que me encanta, de tapioca y leche de coco. Nos da tiempo a ir a un Humana y encontramos algunas fantasías. Me voy pitando a mi masaje, que es un spa de la cabeza. Una cosa muy guay que da mucho gustito, agua tibia en el pelo, tú ahí tumbada en una camilla, masaje de cara, de cabeza y de cuello con luz muy suave y musica chill de fondo. Me encantó. 
Salgo, llamo a Hor, nos encontramos y no podemos resistir ir a otro Humana que queda cerca. Más fantasías, me encanta. Lo compraría todo de segunda mano, me flipa encontrar tesoritos. 
Un par de paradas más en otras tiendas para rematar la ronda, y volvemos a casa. Ya es media tarde y le echo todas las ganas que puedo: pongo la lavadora, y mientras transcurre entreno. 
Estoy entrenando fuerza para que los hombros me duren muchos años. 

Más cosas: a la hora de cenar llamo a mi padre. Sigue bien, más o menos como el año pasado. No hay grandes mejorías pero no hay retrocesos y eso es mucho decir. 

Ha sido un buen año. El año que viene, todo apunta a que cambiaremos de estado civil a matrimonio anarquista y haremos una buena fiesta para celebrarlo. Y haremos otro tramo del Camino (este año se nos echó el verano encima y no es el momento para ir de Logroño a Burgos) e iremos a competiciones de pole, quizá de viaje de novios a ver auroras boreales (el único viaje con el que sueño) y no sé, me espero todo lo bueno que nos pueda dar la vida. Se está portando que te cagas. Y ahora estoy convencida de que cuanto más se lo agradeces, más te regala. 


Que siga la fiesta, la magia, las aventuras. Sí que puede ser que 42 fuera la respuesta a todo.
¿Cómo podía sentirme tan vieja a los 25 y tan joven ahora? Es un misterio. Me encantan los misterios.