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martes, 4 de junio de 2013

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esta mañana había una visita de las importantes, de esas que vienen cuarenta comerciales de alto standing como buitres (es verdad: cuarenta hombres en traje, con la única excepción de que estemos en una boda, sólo me recuerdan a una bandada de buitres, de cuervos, de muerte) a rodear al cliente, que en este caso eran los jefazos y quiero decir Jefazos de una marca de coches de lujo, que para no dar pistas diré que era Percebes-Zen.

el Monstruo, es decir la Empresa donde (aún) trabajo (hasta que nos echen este mes porque tienen pocos beneficios) ha obsequiado a los Jefazos Invitados con tres cáterins diferentes: uno a la 10 para desayunar: café, té, zumo, pastas, bollos; otro a las 11 para amenizar: refrescos; y otro a las 13 para almorzar: tortillas de patatas, croquetas, ensaladilla, embutidos, refrescos, vino, cerveza y pastelitos. 

apenas han probado el primero, han pasado completamente del segundo y se habrán comido como la mitad de lo que había en el tercero. a partir de ahí, depende mucho del talante de los camareros. los hay que no se complican y tiran todo lo que sobra, pero los de hoy eran muy majos y de los que piensan que qué pena tirar comida, sobre todo con la que está cayendo. nos han traído platos llenos de tortilla, croquetas, ensaladilla y pastelitos. nosotras asumimos estos detalles como pluses en nuestra bazofia de vamos-a-llamarlo-indemnización-por-no-llamarlo-guta por despido.

me he llenado una fiambrera de tortilla y croquetas y al dar las dos en punto me he largado a casa a seguir con la vida. 

al entrar al metro en la estación Tres Olivos había un hombre con aspecto de vagabundo. 

se ha sentado a pocos asientos de mí. tendría unos cincuenta años, barba larga, pelo largo, canoso. de pronto ha preguntado, un poco a quien iba a su lado, un poco a todo el mundo:

-¿Plaza de Castilla?

la mujer que iba a su lado le ha dicho vagamente que sí, pero debe ser que no le ha convencido. 
ha mirado alrededor, se ha encontrado con mi mirada y ha repetido

-¿Plaza de Castilla?

-sí, va hacia Plaza de Castilla

-you speak english?

-more or less...

-you are beautiful, girl.-con el acento en 'beautiful'.

-you are kidding me, man.

-are you hungry?

-hungry?

-yes, hungry.

-no, i´m not. and you?

-yes! í´m so hungry!-y se ha tocado el estómago.

-have you ever tried spanish omelette?

-yes!

-and you like it?

-ohhhh!- que viene a decir: ¡me FLIPA la tortilla española, nena!

se ha acercado a mí mientras yo sacaba mi fiambrera y unos pañuelos de papel. le he puesto unos cuantos trozos y unas croquetas en un pañuelo. él señalaba los trozos que quería. me ha dado las gracias con una sonrisa enorme, con la mirada luminosa. se ha ido al final del vagón y se ha sentado en el suelo a comer. 

cuando llegaba a mi estación, me he dado cuenta de una cosa. me he acercado a él y le he dado mi botella de agua. porque es inhumano pasar la tortilla y las croquetas sin un traguito de algo, hombre.

y me ha dicho:

-tú buon corasón. 

-y tú también.

y ha vuelto a sonreír con esa mirada. 

me he bajado del vagón. he pensado que hoy ha comido lo mismo el presidente de la Percebes-Zen y el mendigo del metro aunque ninguno de los dos lo sabe. ninguno envidia al otro ni se cambiaría por él. yo no tengo dudas acerca de cuál de los dos come con más cara de placer, sonríe con más ganas, mira con más luz, cuál parece un cuervo y cuál parece humano. 

y yo, ahí en medio. con unas absurdas ganas de llorar, de repente. no lo sé. de esas de y qué, de esas de y nada significa nada. 


(llegué a casa, me puse a escribir. al final la única que no ha comido soy yo)

martes, 9 de abril de 2013

mojar o no mojar II

también curré mucho tiempo en el ropero de una discoteca. yo estaba allí desde las diez de la noche hasta las siete de la mañana. a eso de la una, más o menos, empezaba a llegar la gente desde los botellones o desde otros bares que eran el punto de partida. a eso de la una, la gente venía ya entonada y con ganas de ligar.

yo guardaba sus abrigos, y lo veía en sus ojos. más o menos 25% de expectación, 25% de esperanza, 25% de convencimiento y 25% de borrachera.

por supuesto había parejas ya establecidas y todo eso, pero a mí me interesaban los que iban solos, los que iban a ver si ligaban. que te das cuenta de que, en ese ambiente, eran la mayoría. ¿por qué aguantar no un de-vez-en-cuando sino un finde-tras-finde un garito de música mediocre y repetitiva a todo trapo, donde lo único que puedes hacer es beber y hablar a gritos? pues por eso: por si acaso mojas. más que nada. es así. así que lo que yo quería saber era cuántos de los que vienen solos conseguían irse acompañados.

yo veía eso en los rostros a la entrada. la gente quería ligar, pero poca gente ligaba. claro que se me escapaban detalles, por supuesto: por ejemplo gente que se liaba dentro del bar, a lo mejor. eso yo no lo veía. o los que salían a la calle disimulando, primero uno y luego la otra. vale. eso se me escapaba. pero no se me escapaba que el 25-25-25-25 de unas líneas más arriba se había convertido a la hora de cierre en un 50% borrachera y 50% de resignación. en una aplastante mayoría.

es jodido, amigos: un garito en el que había cientos de personas medio borrachas y deseando mojar, y no mojaba ni una docena. y estoy siendo generosa. tremendo. no sé. me hacía pensar que hay algún tipo de fallo estructural en el ritual de cortejo-apareamiento. vamos, que los avechuchos en celo obtienen mejores resultados que muchos entornos humanos. y entonces piensas: cientos de miles de años de evolución para esto. para que la danza de cortejo se base en contoneos forzados a ritmo de Chenoa. 

también descubrí un comportamiento humano interesante: el efecto ropero. 

se resume así: un tío entra a un garito y deja su chupa en el ropero para estar más cómodo y ligar con más soltura con las chatis. después de cuatro horas y cinco copas, no ha conseguido ligar con las chatis de la pista, ni con las que hacen cola en el baño, ni con ninguna de las camareras. el garito se está vaciando. van a cerrar. bueno,  el chico asume su derrota una noche más, y se dirige al ropero a por su cazadora. 

en ese momento, y no antes, el chico cae en la cuenta de que la chica del ropero es una humana género femenino, sí, con rajita entre las piernas y total, es la chica del ropero, seguro que nadie le hace mucho caso...

vamos a ver, chaval: antes que tú ya han venido media docena de rebotados intentando lo mismo; después de no haberte podido ligar a ninguna chati, y por descontado a ninguna camarera,  no me vengas con ese tufo a desesperación. ten un poco de dignidad y anda a dormirla. o te achucho al portero. 

*consejo gratis: si por una de esas quieres ligarte a la chica del ropero, hazle caso al entrar.

viernes, 23 de noviembre de 2012

sábado, 2 de julio de 2011

teoría estética azafatil

la imagen la saqué de aquí


las azafatas de congresos o de tierra o de vuelo normalmente llevamos un uniforme que varía muy poco.
hay otro tipo de azafatas, las buenorras, cuyo uniforme sí favorece, pero ésa es otra historia y merece ser contada en otra ocasión.

el típico uniforme de azafata de congresos consiste en:
chaqueta, camisa y falda por la rodilla, medias y zapatos de salón. 

zapato de salón se puede definir como aquel que tiene un tacón mediano, de entre 3 y 6 cms, liso y sin ningún tipo de adorno, de punta redondeada, sin pulseras ni hebillas ni nada. 

hasta las medias tienen una densidad estándar. 20 dernier suelen indicar, el dernier es la unidad de densidad de las medias. 

pelo recogido, maquillaje muy natural y si se llevan pendientes, deben ser discretos. se admite una pulsera o un anillo, pero no la sobrecarga de bisutería.

esencialmente no debe verse nada que dé pistas acerca de tu personalidad.

se trata de parecer lo más neutral posible. todo es un código de signos y de ausencia de ellos. la ausencia de joyas es un signo manifestado en una ausencia de signo.

he pensado mucho sobre los uniformes de azafata porque he llevado muchos y ahora lo llevo seis horas al día. 

mi primer uniforme fue muy bonito y bastante insólito para lo que he vivido después. tuve suerte. era un traje de chaqueta negro muy elegante, con pantalón y no con falda,  y una camiseta ajustada de color rojo debajo. sólo un pañuelo en el cuello nos distinguía como azafatas. a aquel evento vino una mujer vestida con un traje negro y una camiseta roja debajo, igual que nosotras pero sin el pañuelo. y noté su mirada de desconcierto.

bueno, he aprendido que los uniformes de azafata son como son entre otros motivos para no perturbar el ego de las mujeres que vienen a los eventos. por tanto, la azafata debe ir 'elegante' pero no debe estar buena. como mucho uno puede intuir y pensar 'ésa debe estar buena con ropa de calle' pero la ropa de azafata de congresos, está diseñada para no estarlo. 

no debes ser competencia para esas mujeres, y no debes provocar ningún deseo en los hombres. las azafatas de congresos deben ser elegantes, pero no atractivas. 

esas camisas no están hechas para resaltar los pechos, y esas faldas no destacan demasiado el culo y tapan las piernas. el único rasgo femenino que se marca es la cintura. un rasgo de delicadeza y fragilidad. y el rasgo más indómito, la melena, debe estar recogida. 

la azafata no debe despertar ni la envidia de las mujeres, cuyos zapatos deben ser más bonitos y adornados, y sus bolsos más caros y sus melenas sueltas, ni el deseo de los hombres y deben parecer a tu servicio a la vez que frágiles. porque con esas faldas y esos tacones y esas medias delicadas, si una azafata tiene que hacer algún tipo de trabajo físico, dan ganas de ayudarla. cómo coño va a coger una caja llena de botellas de agua con esa falda y esas medias y esos tacones. o ¿cómo va a sacar del almacén cuatro sillones para llevarlos a una sala? sencillo: la azafata empieza a hacerlo,  y el primero que la vea la ayudará.

están diseñadas para ser así. estamos diseñadas para ser así: la imagen corporativa, la imagen de marca. neutra. que no ofenda a nadie, que no perturbe a nadie. una especie de imagen estándar de una feminidad no agresiva, agradable y controlada.  disfrazada.

domesticada.

fingida. irreal.

un simulacro. un modelo de realidad descafeinado.

lo que más me gusta es quitarme los zapatos de tacón y volver a poner los pies en el suelo y soltarme el pelo y ponerme mi ropa con cafeína.

y saber que mientras llevo el uniforme mis tatuajes están ahí, bajo la camisa. 
y llevar tres pendientes -muy discretos- en una oreja -en la otra, ninguno- 
y medias con liga de encaje -que se mueran los pantys
y a veces un brazalete de cuero escondido en la manga y un tanga 
activoopasivoperosiempreagresivo bajo la falda, ja.




martes, 19 de abril de 2011

LXXIX- Comando Sangüis

El mínimo de dignidad.

Darle la vuelta a la tostada.

Era mi meta para hoy. 

A media mañana ha acudido a ser encuestada acerca de la consistencia del pan de molde Muestra 2 una madre que venía con su hija de nueve años. La madre ha untado una rebanada con crema de cacao, mientras la niña se relamía diciendo '¡mmmmmm!' y he tenido que explicar que no se podía probar. ¡Qué pena! Ha dicho la niña, y la madre se ha reído y ha dicho 'Hija, mejor no mires, que ya sé que a estas horas te entra gusa' Eran las doce de la mañana. Es una hora muy razonable para tener gusa.

A continuación he tenido que pedir a la madre que preparase un sangüis (a partir de ahora lo voy a escribir así) para lo cual había mantequilla, jamón york del caro y lonchas de queso fundido. Mientras lo hacía, la niña se revolvía inquieta en la silla y la madre le decía entre sonrisas 'Hija, que no mires, que te va a dar más hambre. Ahora en un ratito llegamos a casa y comemos. Sí que es una pena que no se pueda probar, pero qué le vamos a hacer hija, así es'.

Por último hemos tostado otra rebanada y la madre ha untado crema de cacao, para apreciar la consistencia tanto en crudo como en tostado. He terminado de encuestar a la madre y les he dicho por lo bajini: 'si se lo doy bien envuelto...' la niña ha terminado mi frase con una sonrisa bien grande y también por lo bajini '...me lo guardo en mi bolsa grande y no me lo ven' y la madre ha estado de acuerdo, porque tirar comida está mal. 

Antes de salir por la puerta, la niña se ha girado y me ha dedicado una preciosa sonrisa cómplice.  

He salvado mi dignidad desde por la mañana, y he puesto mi miguita de pan de molde sin corteza para la causa de que una niña 
1) no crea que es normal tirar comida 
2) sepa que uno puede decidir saltarse alguna norma si es absurda y más si todos se están dando perfecta cuenta de lo absurda que es. 

A todo esto, la coordinadora, mi jefa en ciernes, recibe una llamada de los clientes (la marca de pan de molde) Le piden que mida, con una regla, en centímetros y milímetros, las diferentes muestras de rebanadas de pan. Dicen que algo no les cuadra.

No es difícil deducir que las rebanadas de pan no pueden medir lo mismo unas que otras si hablamos en términos milimétricos. A los de la marca no les entraba en la cabeza. En la recepción del hotel revuelven cielo y tierra para encontrar una regla. Miden las rebanadas: las rebanadas miden todas diferente. En fin. La conclusión es que la marca de pan se ha equivocado con la Muestra 3, la que estuvimos haciendo y tirando toda la tarde de ayer. A nosotros nos pagan igual, pero esas entrevistas habrá que repetirlas otro día. No es que toda esa comida se tirase para nada, fue para nada sobre el para nada. El colmo del colmo, vamos.

Debe ser un asunto complicadísimo mandar desde la marca de pan, tres tipos de pan de molde distinto, uno de los cuales es de otra marca. Y el cliente que estuvo ayer supervisando toda la tarde no se dio cuenta. Alguien mandó el pan equivocado, una sola palabra de diferencia 'normal' o 'familiar' genera un gasto de cientos de euros entre pan, entrevistadores, agencia, gratificación de los entrevistados, y repetir todo el asunto otro día. Y tirar otra vez tanta comida. No lo quiero ni pensar. 

Bueno, yo ya llevaba un rato apartando sanguis en una falsa bolsa de basura pero a partir de ahí he sido implacable: hasta las tostadas de crema de cacao, si estaban en condiciones, las juntaba con disimulo haciendo sangüis y las iba echando a la saca. 

He parado cuando he llegado al máximo que podía llevarme en el bolso a la hora de comer-un bolso bien grande- sin levantar sospechas. 

Pensaba hacer la de ayer y comerme un bocata en el solecillo del Retiro, y repartir los sangüis de camino y por ahí, que ayer vi bastantes mendigos. Pero me acordé de  Marco, que vive muy cerca de donde estaba, y le debía una llamada y una quedada hace muchos días. Podía quedar y hemos ido a comer a un sitio muy chulo: una bar llevado por una cooperativa de gente muy maja, salmorejo y hamburguesas de salmón con alcaparras, una pasada. Como el tiempo se me ha echado encima se ha quedado encargado, como miembro semivoluntario del Comando Sangüis, de repartir los sangüis donde considere necesario, que sé que sabe dónde y a quién. Y así me podría llevar muchos más por la tarde.

Cuando he vuelto al hotel, estábamos los cuatro entrevistadores pero la coordinadora había petado después de tanto tocamiento de cojones: por lo visto la agencia estaba en estado de caos y estábamos solos sin nadie que nos controlada. Lo he planteado nada más llegar: 'Chicos, si no os parece mal, ahora que no está la coordinadora y no la vamos a comprometer, yo querría llevarme los sangüis para repartirlos por ahí a quien le puedan venir bien.' Es que a la coordinadora también le tocaba los ovarios lo de tirar la comida.

'Me parece muy bien, yo estaba por decirlo. Me voy contigo a repartirlo luego' ha dicho Eva, y los otros, Laura y  Alberto, han estado de acuerdo. Los cuatro hemos ido guardando los sangüis apiladitos y en muy buen estado. Como no ha habido mucho curro (han tenido que anular bastantes entrevistas por la cagada de los panes equivocados) los he podido hasta envolver en servilletas de papel de puta madre. Con cuidadito. 

Y al salir del curro han querido venir conmigo. Hemos ido los cuatro, de Antón Martín a la Puerta del Sol y hemos subido hasta la Plaza Mayor dando sangüis a cada persona que veíamos pidiendo. El último lo he dado a un hombre que pedía en las escaleras de entrada al metro. 

Y aunque no se me quiten las ganas de quemarlo todo, llevo todo el día sintiéndome un poco ninja, porque he robado y repartido un montón de sangüis que se iban a tirar. Y no sólo eso, es que hemos sido cinco en el comando en un momentito. Y eso han sido nuestras cinco miguitas de pan de molde sin corteza.

Al llegar al portal de casa, un gato negro que está muchas veces por ahí pero que nunca me dice nada, me ha dicho 'miau' claramente a mí. Últimamente no les echo de comer porque les veo muy gordos, y veo que hay latitas de comida de gato recientes, de otras personas que les echan de comer. Pero le he visto un poco flaco esta vez. El tema del celo, tanta pelea y tanto folleteo les deja hechos mistos. 

El gato ha dicho 'miau', claramente a mí. 'Qué pasa, gato? Tienes hambre?' y ha vuelto a decir 'miau'. 'No me quedan sangüis, gato' pero ha vuelto a decir 'miau' y en fin, le he dicho 'bueno, espérate ahí que ahora bajo, anda'. He bajado con dos platos. En uno mitad y mitad de lata de comida de gato y comida seca, y en el otro le he puesto agua. Estaba esperando a alguien seguro, alguien del portal le debe estar echando de comer con regularidad. Le ha sorprendido, pero sí, ha dicho 'me caes bien' e inmediatamente ha atacado la comida. 

Y me dan ganas de repartirme entera.

Hoy desobedecí, hoy sí, hoy puedo decir que sí. Más allá del mínimo, seguro. Hoy desobedecí, y robé y animé a otros a que lo hicieran y eché de comer al gato callejero (multa de 500 euros, dicen los carteles de mi calle, ja, ja) y voy a dormir algo mejor que ayer.


traBajos inEstAbles- LXXVIII - el lado oscuro de la tostada

Para opinar acerca de la densidad de la tostada, no es necesario probar la tostada. 

Es más, no hay que probar la tostada. 

El cliente ha dicho que las tostadas no se prueban. 

De manera que somos cuatro entrevistadores en la sala de reuniones de un hotel, en la que hay dispuesta cuatro mesas y hay una mesa central donde se guardan las muestras de producto, es decir, las tostadas. 

Es un estudio de mercado de una marca de pan de molde, que quiere saber qué opinan las consumidoras de pan de molde sin corteza, compradoras principales del hogar de entre 28 y 55 años y con hijos, acerca de la densidad de sus tostadas. 

Las entrevistadas ya están captadas vía telefónica. Únicamente vienen a evaluar un producto, en una encuesta de unos diez minutos, y cobran una gratificación de doce euros por ello.

La primera parte va sobre hábitos de consumo de pan de molde sin corteza.

En la segunda parte le mostramos una rebanada de pan de molde sin corteza y le preguntamos de qué marca cree que es, si le parece que tiene buena pinta, si el color está bien, si el grosor está bien, y si la densidad de la miga está bien, para hacer aprecio de lo cual, el consumidor debe untar crema de cacao en la rebanada de pan. Sin comerlo. 

En esta parte también le pedimos que elabore un sándwich, para lo cual hay disponible jamón york y queso, tomate rallado, aceite y mantequilla. La persona se hace el sándwich y aprecia la consistencia del pan. Pero no se puede comer el sándwich. 

Por último, tostamos una rebanada de pan en tostadoras, hay una en cada mesa para tal efecto. Son una monada, de esas que las tostadas saltan cuando están en su punto. Y después la persona evalúa la apariencia de la rebanada de pan tostado, le damos un sobre que contiene doce euros y se va. 

Y por último, porque así está indicado en las estrictas normas del cliente -la marca de pan de molde, su sección de márketing- toda la comida se tira a la basura. 

Cuatro rebanadas de pan por persona entrevistada. Son muchas entrevistas al cabo del día. Mucha comida intacta a la basura. No creo en el pecado pero tirar comida lo es. 

Me he pasado el día tirando comida y me van a pagar por ello. Había mendigos en la misma calle donde está el hotel en cuyo interior estamos tirando comida. 

El cliente, es decir, el director de la movida del márketing de la marca de pan de molde, ha estado por allí y había que cumplir su asqueroso protocolo. Mañana ya no estará. 

No puede ser que el mundo funcione así, no se puede estar tirando comida cuando otros pasan hambre. Por un puto estudio de márketing. No cuesta una puta mierda hacer las cosas de otra manera. Las cosas se pueden hacer bien. Pero a los directores de márketing no se les pone en los huevos. Pero en qué cabeza cabe tirar así bolsas y bolsas de comida. 

Cómo puede dormir ese tío, como pueden dormir todos los de su calaña y cómo voy a dormir yo. Obedeciendo por seis euros la hora, cobrando por tirar comida y pensando cómo hacer que la historia no se repita mañana. Que mañana tengo que hacer algo. Aunque sea poco, pero Algo. Porque de qué cojones va esto. He hecho estudios de mercado de otras cosas. Los ambientadores no se tiraban. Si los ambientadores no se tiraban, la comida mucho menos. Nadie se muere por no tener ambientador. Qué asco de miseria de la abundancia, qué asco y qué putada que para ser consciente de que te queda un grano de cordura haya que experimentar esta náusea. Los directores de marketing no son humanos.

Noches así me cago en cómo funciona el mundo, y si soy un diminuto engranaje quiero saltar por los aires o morir aplastada. No quiero, no quiero, me niego a funcionar entre semejantes piezas.

Mañana y ya. Miércoles Faulkner. Miércoles Faulkner. Miércoles Faulkner. Mañana sándwiches. Robar sándwiches. Bolso grande. Discreción. Alevosía. Aunque sean unos pocos. Aunque sea uno. El mínimo de dignidad.

domingo, 17 de abril de 2011

trabaJos iNestables- LXXVII

Ya había tramitado el permiso para poder ir toda la semana que viene a la biblioteca del CSIC, para buscar bibliografía especializada y preparar el trabajo que voy a presentar en Psicocrítica.

Pero me han llamado para trabajar, mañana y pasado. Así que en lugar de estar leyendo a especialistas en Faulkner voy a estar haciendo un estudio de mercado, registrando la opinión de la gente acerca de la densidad de no sé qué tostadas.

A cambio no sé cuánto me pagan exactamente, ni me lo han dicho. Sé cómo: dentro de mes y medio tendré que ir a buscar el cheque a la otra punta de madrid, e intentar cobrarlo en una oficina bancaria donde quieran considerar ese cheque de aproximadamente cien euros como 'cheque nómina' y así no cobrarme los tres euros de comisión que te restan por pagarte TU dinero de TU cheque, que has ido a buscar un mes y medio después de realizar el trabajo a la otra punta de madrid.

No entiendo cómo funcionan las cosas, o cómo han llegado a funcionar así. La realidad es obscena, un sutil proceso kafkiano.

Dicen mis padres que sus tiempos fueron duros: no pudieron estudiar, mi padre trabajaba a los doce años y mi madre a los catorce. A los veintimuypocos se casaron y en cuatro años habían pagado su casa, con el sueldo de dependienta de mi madre, y el de electricista de mi padre. Además de tener y mantener a dos hijos, pudieron comprar una parcelita de tierra en la que ir poniendo cimientos y poco a poco ladrillos, para hacer con sus manos -y las manos del amigo Matías, albañil de profesión, y las manos ásperas y nobles de mi abuelo, trabajador incansable, y las manos suaves pero resistentes de mi madre, y las manos de todo el que quiso o pudo ayudar-la casita de los fines de semana y los veranos, la casita del campo.

Mi madre dejó de trabajar para cuidar 'de niños y de viejos' (el sino de la generación de mis padres) y yo llegué a destiempo y aún así nos sacaron adelante sin problemas, a los tres críos y a las dos casas. Sin grandes lujos, pero desde luego sin necesidad. Si hasta nos íbamos de vacaciones:  en lugar de ir a un hotel íbamos a un camping. En lugar de comer en chiringuitos, mi madre hacía ensalada y pollo empanado y bocadillos y nos los comíamos a la sombra de los pinos. En lugar de ir a París íbamos a Cuenca, y todos tan contentos. La única gran putada: estar atado a un trabajo que no te gusta, porque no pudiste estudiar. Conclusión: que mis hijos estudien. Funcionó con mis hermanos mayores, que terminaron sus carreras mucho antes de que empezara a oler a crisis, cuando apenas empezaba a escucharse la palabra 'becario', 'ETT', 'contrato basura'. Aunque hayan firmado hipotecas a treinta años, las podrán sacar adelante. Nunca fueron a buscar un cheque de cien euros al mes y medio de haber trabajado dos días evaluando la opinión acerca de la densidad de la tostada, en quinto de carrera. 

Ahora ya está todo el pescado vendido. Y para la mierda que respiramos, estamos muy tranquilos. Pero no me confío. Ni me desespero. La calma absoluta precede siempre a los tsunamis.