lunes, 28 de septiembre de 2020

27 de septiembre - el día que hay que escribir (novena edición) ESPECIAL PANDEMIA

Y van nueve. Todo porque en 1935, el escritor ruso Máximo Gorki propuso que toda persona presente o futura que escribiera, ya fuera de manera profesional o aficionada, narrase un día de su vida: el 27 de septiembre. 

Ya no creo que deje de hacerlo hasta que me muera. En esta ocasión, cuando comienza el domingo 27 de septiembre de 2020, estoy en el salón con Horacio viendo Vikingos en el ático, en Rivas. No estoy de visita. Vivo aquí desde marzo, desde el Estado de Alarma y Pandemia. Esa crítica semana en que todos los planes del mundo mundial se fueron al garete y los supermercados se quedaron sin papel higiénico, agarré a Tití y un par de maletas y nos vinimos para acá. Me acojonaba que cerrasen el metro y quedarme confinada en mi casa diminuta y sin ver a Hor hasta vete a saber cuándo. Así que me vine aquí hasta que la cosa se calmara pero de momento no se ha calmado mucho que digamos. Y aquí seguimos. No me arrepiento: Convivimos bien porque somos buen equipo y nos queremos y nos cuidamos. Pero así es: Nueve años de relación y me vengo a vivir con él no por presión social ni planes de futuro, si no por una jodida pandemia mundial. Es muy bonito y muy apocalíptico confinarte con alguien a quien amas en medio de una pandemia mundial. Es algo que no ocurre en todas las generaciones. 

Voy por mi casa tanto como puedo. Esos ratos trato de habitarla porque creo que lo que no se usa y no se habita, se muere. No sé dónde voy a estar el año que viene. En mi casa, después de un proceso de luchar contra la acumulación, todo estaba exactamente como me gustaba, ni más ni menos. Aquí hemos tenido que negociar espacios, cosas, exceso de cosas que en algún momento me ha agobiado. Es así. Pero la verdad es que ya estoy bastante a gusto. Echo de menos mi barrio. Lo fácil que es ir a cualquier lado desde ahí. Tener todo a mano, el bullicio, las tiendas de comida del mundo y las miles de fruterías. La biblioteca, la tienda de Juan, mi escuela de manualidades. El año pasado estaba a punto de empezar a hacer Tiffany y me ha encantado. Me gusta muchísimo el vidrio de colores, y cortarlo, y pulirlo, encintarlo, soldarlo. Salen cosas mágicas de ahí. Así que he intentado aguantar las manualidades. Voy un par de viernes al mes, aunque septiembre se complicó entre mis visitas al dentista y la cuarentena de mis profes. El puto virus, está en todo. Y no quiero dejar de hacer Tiffany. Es un arte en peligro de extinción y a mí me encantaría ser maestra vidriera algún día. Entre tantas otras cosas que me encantaría ser todavía.

Total, me esperaba un fin del mundo con más saqueos y más caos, pero por el momento hay electricidad, internet, comida para los gatos, agua caliente, la nevera está llena y la escuela abierta, aunque la mitad de las alumnas estén confinadas y todavía debamos clases de marzo. Ya no se hacen planes ni a medio plazo. Todo puede ocurrir. Todo es un videojuego en el que van cambiando las normas y los códigos. Un episodio regulero de Black Mirror. La escuela iba bien. Iba muy muy bien. Hasta marzo de este año. Ahora ya veremos. Quién coño sabe. Trato de disfrutar el día a día de sobrevivir, de haber vuelto a abrir y tener las clases llenas hasta la semana pasada. De seguir volando como acto de resistencia. Sólo sé qué confío en que tendremos fuerza para afrontar lo que venga. Porque es una carrera de resistencia, no de velocidad. Resistencia, no velocidad. Resistencia, no velocidad.

También sé que hay una nueva división de clases: por un lado está la gente que lleva mascarillas quirúrgicas, que hace parecer el mundo un gran quirófano y a todos unos enfermos, y me da bajón existencial (ya me voy acostumbrando a verlas, pero las odio.) Y estamos las personas que llevamos mascarillas de colores o negras,o lo que sea, pero que me hacen sentir más como un ser humano con dignidad, como una Pussy Riot con un cóctel molotov en el bolso. Y cuando me siento así no está tan mal la Pandemia. Y en mi alma de yonki de belleza, lo de la mascarilla no-quirúrgica es un acto de resistencia estética quizá decisivo como especie. 

 (Y seguir amando como acto de resistencia. Y resistir como acto de amor. Estamos en un punto en el que un abrazo es un acto de irresponsabilidad sanitaria. Yo estoy del lado de lxs que arriesgan su vida en un abrazo. Prefiero un abrazo y morir con la certeza de seguir siendo humana. Prefiero ir a una boda de alguien que me importa que no ir. Y a un funeral. Esos actos que se suponía que definen la esencia humana. Yo qué sé. Esto de la pandemia me hace pensar mucho en lo esencial del ser humano. Y mi conclusión es que prefiero morir sabiendo que he vivido.) 

Así que terminamos el episodio de Vikingos y nos vamos a leer y a dormir. Duermo bien. La noche anterior, del vienes al sábado, me había despertado con un ataque de dolor mortífero de ovarios. Me pasa de vez en cuando, esta vez duró solo unos minutos, diez, quince, no sé, en los que me quería arrancar la tripa pero al final pasó y me dormí. Hacía mucho que no me ocurría. Al cabo de unas horas, me estaba bajando la regla. Este año he fumado menos. A temporadas apenas fumo, a temporadas vuelvo. Me tomo a mí misma con paciencia pero es un hecho que cuando fumo menos o no fumo, la menstruación es una broma. Y cuando fumo, me muero de dolor. El universo me dice que cuando fumo me pasan cosas malas y cuando no, me pasan cosas buenas. Pero es difícil luchar contra los hábitos. Intento trabajar lo que hay debajo, la raíz de la adicción. Llevo gran parte de este año con eso. Sanar mierdas. Recordar quién soy. A veces, durante años, se me olvidan cosas de mí. Y luego recuerdo. Ahora tengo menos pesadillas cuando dejo de fumar. Las casas que aparecen en mis sueños ya no están en ruinas, y es un alivio enorme.

Me despierto sobre las diez, Hor poco después. Abro la puerta a Tití para sus paseitos de la mañana. Sale a la terraza, huele el día, bebe agua de su sitio favorito y vuelve a entrar, así varios paseos. No conviven los tres gatos a todas horas. Pero vamos mejor. Tití no había convivido con otros gatos y le cuesta. Hace tres semanas se puso muy malita y pensé que se moría. Era que le empiezan a fallar los riñones, pero han dicho que tal vez con su medicación diaria y la dieta especial y mucho amor y algo de suerte aguante muchos años con la calidad de vida que tiene ahora, que es mucha. Le rezo mucho a la diosa de los gatos para que me permita estar con ella y cuidarla muchos años más, rezo a la diosa de los gatos para que esté bien y feliz, y que se lleve mejor o peor con Ginés y la Enana es secundario. Es un hecho que Ginés la adora y la Enana la respeta. Ha habido momentos y meses muy estresantes pero pedimos ayuda a una etóloga felina y poquito a poco hemos mejorado: No estamos nada mal. Quiero  estudiar auxiliar de veterinaria y ser geriatra felina, para cuidar mejor de Tití. Es un plan para los próximos tiempos.

Y desayuno café con leche de avena, y reviso el móvil de la escuela por si escriben nuevas confinadas y hago una lista de los grupos que hay que reorganizar el lunes a primera hora, y pienso en cosas para las clases de la semana que viene. Hor estudia porque sigue en la uni, se ha cambiado de carrera y está apretando a tope. Después, a la hora de comer, le toca irse a currar, hoy tiene guardia. 

Y después yo tenía plan: Fui a un parque donde hacen acrobacias, verticales, acroyoga y cosas así, en lo que creo que ha sido mi primer acto de vida social en Rivas desde que vivo aquí. Todo porque hace poco conocí por casualidad y por instagram a Darek, personaje extraordinario y espectacular del mundo del circo que me está enseñando a hacer el pino y hoy me ha invitado a entrenar con sus amigxs en el parque. Y ha sido muy guay. Hacía solecito y estábamos descalzxs sobre la hierba y podía mirar cómo hacían sus cosas súper difíciles de gente con superpoderes y que me enseñaran cositas menos difíciles para llegar a hacer esas cosa algún día, y todo el mundo era muy majo y casi casi casi parecía la antigua normalidad (todo lo normal que pueda ser gente haciendo el pino por todas partes. Pero seguro que me habéis entendido) Y ha sido bonito. Muy bien en un 27 de septiembre.

Cuando se fue el sol hubo retirada, y me acercaron a casa y mimé a mi gata, y salió a la terraza, y luego hice mimos y jugué con todos los gatos y convivieron un ratito en paz. Llamé a mis padres. Me di un baño. Al ratito llegó Hor. Cenamos juntos, espárragos con mayonesa, sobras de pizza que estaba muy rica, sopa de ayer. Nada de lujo en la cena de hoy: el lujo es compartirla con él. Y contarnos la tarde y vernos otro episodio de Vikingos antes de que él se vaya a estudiar y yo a escribir este día.

Y aquí, en la habitación de Tití, me sirvo una copita de vino blanco y una bolsa de pipas para celebrar este 27 de septiembre, y abro este viejo blog. Releo mis anteriores 27 de septiembre, pienso en cómo ha ido cambiando mi vida (la verdad es que todo para bien) y en la inmensa suerte que es seguir escuchando a Tití ronronear mientras escribo, año tras año. Hor viene a darme un beso. Le abrazaré en cuando termine de escribir y me vaya a dormir, preparada para otra semana de trepidantes aventuras, consejos de ministros y confinamientos selectivos o no. ¿Tendremos que cerrar la escuela? ¿Conseguiré hacer el pino? 

¿Habrá Tercera Ola, Nuevas Cepas, Milagrosas Vacunas? ¿Habrá algún día una Nueva Antigua Normalidad? ¿O sólo una Realidad Real con sus hostias en racimo? ¿Seremos felices a pesar de todo? ¿Tenemos lo que nos merecemos? ¿Lo que consentimos? ¿Lo que atraemos? 

¿Desde cuándo no engrasa usted las bisagras de las compuertas que dan acceso a su único e irrepetible Mundo Interior? ¿Se ha mirado por dentro últimamente? ¿Le gusta lo que ha visto? ¿Tiene los minerales adecuados para alinear sus chakras durante el próximo confinamiento? ¿Será el creciente negocio de las fotos de pies algo a tener en cuenta para el futuro de la humanidad autónoma? Sin duda lo mejor y lo más extravagante está por venir. Encuentre todas las respuestas en la próxima edición 2021: ¡Especial diez años de 27 de septiembres!



                                                   







viernes, 27 de septiembre de 2019

27 de septiembre - el día que hay que escribir (octava edición)


...y todo porque en 1935, Máximo Gorki propuso que todo escritor, reconocido, aspirante o aficionado, narrase este día de su vida. ¿Llegaré a escribir en el centenario de esta iniciativa? Ya van ocho...

Y cuando dan las 00.00 estoy en casa, con Tití como una cachorra con ganas de jugar (perseguir avellanas es nuestro nuevo juego favorito) y siempre rezo al dios de los gatos que me permita tenerla conmigo muchas ediciones más.

Hor me escribe, hoy no nos vemos pero nos mensajeamos, y van más de ocho años juntos ya.

En lo que ya es mi propia tradición, releo mis anteriores ediciones del 27 de septiembre y respecto al anterior:

No, no seguí meditando de manera habitual, aunque me ayudó mucho el año pasado y de vez en cuando lo hago y de vez en cuando me propongo establecerlo como un hábito.

Dejé el Krav Maga en enero de este año, cuando decidí presentarme a la competición IPSF de Pole Artistic, para centrarme en entrenar y reducir los riesgos de lesionarme. En los regionales me fue muy mal, fatal. Y tras mucha incertidumbre al final fui a la competición nacional en julio y me fue mucho mejor. Ha sido uno de los momentos más bonitos de este año. Oviedo me trató genial. La verdad es que desde el primer momento sentí que todo iba a ir bien, y creo que por primera vez Hor estaba más nervioso que yo. Y la actuación salió bien (con eso yo ya tenía suficiente) y además contra todo pronóstico hice podio: fui bronce con 57,6 puntos lo cual superó mis expectativas y me hizo llorar de emoción como una idiota feliz.

Dejé de fumar dos meses antes de eso. He tenido alguna recaída pero en general lo he llevado mejor de lo que pensaba. Los vapeadores me han ayudado mucho. Ahora vapeo, y me encanta, y si acaso me echo algún piti cuando me invita alguna amiga fumadora, y así pienso seguir. Me ahorro una pasta, no toso, y mi casa y yo olemos bien, entre otros muchos beneficios. Lo único malo fueron las pesadillas que he tenido durante meses, pero ya van remitiendo.

Este año el 27 de septiembre cae en viernes y este año los viernes libro,  no me toca ir a la escuela, pero ahí seguimos, on fire y casi con lista de espera en las clases. Una pasada. Cuatro años después, seguimos dándolo todo por enseñar a la gente a volar, y es muy bonito.

Así que me levanto a las 10 como una señora, me tomo un café y vapeo, reviso y respondo mails de la escuela y  me doy una ducha. Y en vista del calorcito y sol que hace, me pongo un vestido gris camisetero y unas zapas de leopardo y me voy a la búsqueda de unos zapatos para la boda que tengo la semana que viene. Mis pies son tan feos que me cuesta encontrar unos zapatos que los disimulen pero bueno, al final encuentro unos que me convencen y por el camino unos pendientes de lunas preciosos, y vuelvo a casa ya a la hora de comer.

Me preparo una ensalada de salmón ahumado, alcachofas, pimiento, tomate, cebolla y huevos cocidos que me encanta, y escribo a mi peluquera a ver si tiene hueco esta tarde. Pero no, está de vacaciones y me dice que me apañe yo y que no le ponga los cuernos, y es verdad que ya la tengo enseñada y no me apetece ir a otra, así que me armo de paciencia para hacerme yo misma la decoloración de mis raíces con muuuchas canas, y luego me pongo el tinte. Mientras lo dejo actuar pongo la lavadora, paso el aspirador, limpio rincones, hago la cama, cambio la arena de Tití, friego platos, y apaño la casa en general. En estos momentos es cuando me alegro mucho de no tener una casa más grande.

También me arreglo las uñas y me las pinto de verdeazulado y de vez en cuando noto pequeñas molestias en la tripa porque está a punto de venirme la regla. Y digo pequeñas, porque desde que dejé de fumar, para mi gran sorpresa, no he tenido que tomar ni un  sólo calmante. Los primeros meses me pareció una casualidad extraña, pero luego tuve que asumir que no era casualidad. No sé qué relación hay, está claro para mí que la había y es una gran motivación para no volver. Porque yo antes me moría del puto dolor, y ahora lo más que tengo es una pequeña molestia, que no es suficiente para plantearme tomar nada. Alucinante. Puede que sea lo más radical de haber dejado de fumar, y si lo llego a saber...lo hubiera dejado hace jodidos lustros.

Son las 20:11 y está empezando a anochecer, los días son ya más cortos y el otoño se nos echa encima una vez más. O una menos. No me espero a que acabe el día para escribirlo, porque me reservo estas horas que quedan para mí: aún llevo puesto el tinte y pienso darme una ducha deluxe en cuanto acabe de escribir esta entrada. Después me secaré el pelo, llamaré a mi madre, daré de cenar a Tití (que ahora mismo está dormidísima y roncando en la cama de su nuevo súper rascador que le compré hace poco) y quizá pida sushi para mí, porque tengo gran antojo y acabo de cobrar y me lo ahorro en fumar y es un lujo que me encanta permitirme.

Hablando de lujos, la semana que viene comienzo un curso de Tiffany, para hacer cosas preciosas con cristal tintado, estaño y estas manitas. Viene después de haber pasado este año haciendo manualidades en una tienda-escuela de mi barrio que me ha encantado. Me especialicé en muñecas de papel, pero siempre tuve ganas de aprender a hacer Tiffany y el momento está por llegar. Otra cosa que pasó este año y que ya empezaba  bullir el anterior 27 de septiembre es que hice un Kondo en casa y en mi alma. Me desprendí de un montón de ropa, objetos e incluso personas que no me aportaban nada y sólo me causaban ruido y carga mental. Y me quedé más a gusto que dios.

Quizá vea First Dates, quizá me vicie con la última temporada de Glow, quizá, quizá, quizá. Me estoy  tomando una cerveza doble lúpulo que es la última que me queda. Con algún vicio tenía que compensar el no fumar...

Y así, un día tranquilo, casero y feliz, transcurre este 27 de septiembre.

Porque un buen día lo tiene cualquiera.


bird of fucking paradise


...un buen día lo tiene cualquiera

viernes, 28 de septiembre de 2018

27 de septiembre - el día que hay escribir (séptima edición)


Máximo Gorki propuso en 1935 que todo escritor, aspirante, reconocido o anónimo, profesional o aficionado, narrase un día de su vida: el 27 de septiembre. Este 27 de septiembre de 2018 es mi séptima edición...¿acabaré haciendo un Christa Wolf,  que le pilló el gustito y escribió 40 ediciones? 


Cuando dan las 00:00 estoy sentada frente al ordenador, con Tití ronroneando en mis piernas (por favor, Tití: quédate conmigo muchísimas ediciones más) y pensando en que no debo tardar mucho en irme a meditar y a dormir. 

Sí, a meditar...después de unos meses bastante plof en los que no conseguía quitarme la ansiedad, el desencanto, la tristeza y el ruido mental de ninguna de mis maneras, empecé a probar con la meditación por mi cuenta, con youtube y google como maestros...un día conseguí una sensación increíble y los demás, sólo un buen dolor de cabeza.  Así que empecé a buscar escuelas, cursos...algo para poder aprender, y que no fuera religioso ni sectario. Encontré la meditación ACEM y me hice el curso para principiantes el fin de semana pasado. (Y entonces tuve un maestro de carne y hueso que lleva cincuenta años meditando y tiene toda la cara de Viggo Mortensen) Me sentí lo bien que te sientes cuando encuentras algo que funciona, que es válido para ti. De momento funciona para mí. Sólo llevo unos días pero YA se apagó la puta lavadora que tenía todo el día centrifugando dentro de mi cabeza. Está siendo un bálsamo para mi cerebro requemado, cual masaje con amor y aftersun. (Me produce mucha curiosidad qué será de esto, de aquí al próximo 27 de septiembre. Si me cansaré, dejará de tener este efecto, si lo dejaré cualquier día o seguiré de aquí a entonces.) 


Total, que preparo la ropa y las cosas para hoy, y me voy a meditar sabiendo que me quedaré dormida haciéndolo, como ocurrió. Y la alarma suena a las 7:52 de la mañana. Me doy una ducha, me pongo un pantalón de chándal, y una camiseta de tirantes gris (todavía hace calor veraniego) me tomo dos cafés, fumo y salgo de casa a las 9:00. Apenas dos minutos después piso una mierda fresca: así, empezando bien el día. Menos mal que poco más adelante han tirado en la calle el típico agua de fregar de algún portal y me limpio en un charquito. 


Veintitrés paradas de metro en la línea 1 después, llego a la escuela. Aquí seguimos, y más que eso: en las clases de pole dance hay llenazo total, y el resto de actividades en general va cada vez mejor. Sigue siendo bonito. Sigue siendo el curro de mi vida, probablemente. Encarna ha llegado antes que yo porque no ha pillado atasco. Este año ya no voy a la escuela los jueves por la mañana, pero hoy Áurea me lo pidió porque su pequeñajo, (que el año pasado en esta fecha era una cosa diminuta dentro de su barriga) tenía una cita médica que no podía cambiar (y todo está bien) así que voy a echar el día aquí. Encarna da las clases, yo me quedo en la recepción contestando whatsapps, mails, llamadas, repasando horarios del mes que viene, publicando en las redes, atendiendo a quien entra, a las alumnas que llegan y se van, lo típico. Desde la clase de vez en cuando llegan gritos de alegría, ánimo, aplausos, jolgorio. Mola mucho. 

Cuando acaban las clases y Encarna vuelve a la recepción nos enganchamos al vuelo a un sorteo online en el que no ganamos nada pero estuvimos cerquísima, joder. Fue bastante injusto pero nos lo hemos pasado bien. Nos vamos a comer juntas a un bar cercano que conozco porque a veces voy a comer allí con Hor. Este 27 de septiembre no nos vemos... Él tiene clases toda la mañana (¡ha vuelto a la universidad!) y yo acabaré tarde por la noche. El caso es que comemos juntas: dos ensaladas camperas, pechuga de pollo para ella y calamares para mí. Postre (tarta de queso para ella y flan para mí) Postre Y café, por favor. (Odio a quien inventó el postre Ó café. Era alguien que no sabía disfrutar de la vida.) Nos tomamos el café afuera y a la sombra, que al sol hace calor de verdad. Hablamos de los próximos tatuajes que nos vamos a hacer. El mío serán tres caracoles.

Volvemos a la escuela y de camino es Encarna la que pisa una mierda, y nos reímos porque siendo así CLARO que teníamos que haber ganado el sorteo. ¡Tendríamos que haber echado el euromillones hoy! la semana pasada acerté 2 números y 1 estrella,  récord que sólo igualé otra vez.  Pero a veces me tocan cosas en los sorteos, y quien me conoce lo sabe. Llegamos a la escuela y entrenamos un rato. Tengo muchas ganas de probar una cosa y nos ponemos con ello. Como suele pasar, en el vídeo se ve facilísimo pero luego es más difícil y nos lleva un ratito de pruebas y progresiones hasta que lo sacamos. Oh sí, gente. 

Es hora de abrir la recepción. Vienen las niñas de Pole Kids, las más peques: tienen entre cuatro y siete años y son una monada, literalmente. Quiero entrar a verlas un rato porque las dos últimas semanas di esa clase, pero hay jaleillo de gente entrando a preguntar y demás, y al final se me pasa la hora volando, y me toca dar mi clase de 18h a 19h, con algunas de las más veteranas de la escuela, AKA Pole Yonkis. Hacemos unos cuantos combos muy chulos, algunas practican Ayshas, mariposas voladas y escuadras. Algunas en este grupo  ya estaban aquí el primer 27 de septiembre de la escuela, apenas empezando a trepar, a girar, a invertir...y ya hacen cosas con las que al principio ni soñaban. Es tan flipante, y nos ha pasado a tantas...Termina la clase, (se ha dado muy bien) y charlamos un poco afuera y llega Áurea con un montón de refrescos y cosas para la fiesta de vuelta al cole que damos mañana en la escuela. Un no parar. 


Sobre las 20:15 salgo de la escuela...y me voy a mi clase de krav maga.  Me tomo un batido de proteínas por el camino, y también merendé antes. Porque si no, hoy me da un parraque en la clase. Llevo este mes y me está encantando. Es como jugar a pressing catch pero con trucazos (que algún día me saldrán. De momento hago lo que puedo) Todo lo poco competitiva que soy para lo demás de la vida, no aplica en la lucha cuerpo a cuerpo. He recordado que me jode que me puedan. Iba súper cansada del día...se me ha pasado por la cabeza no ir,  pero luego me he alegrado de hacerlo. Abel, nuestro profe, se va a vivir al extranjero y hoy se despedía. Ha venido con el que va a ser nuestro próximo profe, y su supervisor.  Ambos con una pinta que te cagas de tipos duros. Hemos hecho "juegos" (de tirarnos por los suelos y pelear como desgraciaos) hasta acabar reventadxs. Y a ver qué nos espera con el profe nuevo...

Casi a las 23:30 estoy llegando a casa. Me doy una ducha, doy de cenar a Tití, y por pereza y cansancio me abro una lata de sardinas, hago una ensalada y luego me como un yogur y un puñado de higos (y un helado, y como media bolsa de pipas) y he cenado como una diosa. Me entretengo buscando más cascadas de pole dance. Pienso que ahora mismo me pondré a escribir...al final tardo un rato. Me hago un té, Tití se tumba en mis piernas, intercambio audios con Hor. El otro día me contó que ya están para estrenar la peli de José Luis Cuerda en la que al final no nos cogieron como figurantes. Es una pena pero iremos a verla igual. Me manda un vídeo de Janis lamiendo a Ginés con mucho amor. Ginés ya está enorme y es un pesado adorable. 

Tengo este sueño que al final te desvela y por eso me paso tres horas del 27, y ya es 28 recién estrenado cuando comienzo a escribir esta edición. Ahora me tomaré el último tecito y me iré a meditar hasta que me duerma. Hoy ha sido un poco palmada en cuanto a meditación, pero no había más horas...mañana volveré a hacerlo.  

Y aquí está: un 27 de septiembre más (y uno menos). 


jueves, 28 de septiembre de 2017

el día que hay que escribir (sexta edición)

Máximo Gorki propuso en 1935 que todo escritor, aspirante, reconocido o anónimo, profesional o aficionado, narrase un día de su vida: el 27 de septiembre. Y esta, año 2017, es mi sexta edición ¿llegaré a conmemorar el centenario de esta idea? Me encantaría...

Estoy sumergida en un bañera llena de agua más que tibia, en un ático de Rivas Vaciamadrid.
He dejado a Hor en el salón viendo masterchef. Cuando duermo en su casa, rara vez perdono un baño. Y menos en 27 de septiembre. No sé si lo de bañarme es necesidad o es vicio, pero me encanta todo lo que tenga que ver con bañeras, baños, termas... agua caliente y poco profunda en general.

Por el borde de la bañera se pasea Ginés, el gatuno que nos trajimos de Murcia este verano. Tiene unos 5 meses, es precioso y cuando le vi en aquel chiringuito supe que era el hermanito ideal para la gata de Hor, que adoptamos hace cinco veranos. No sé si es ideal, porque desde que cogió confianza es pesadísimo y la tiene hasta el moño, pero es evidente que le ha sentado genial la compañía. Algún día Ginesillo crecerá y se calmará un poco y no le saltará al cuello cada dos minutos. Por ahora son mucho más entretenidos de mirar que la tele.

La Enana Joplin siempre acude cuando se ducha Hor, y por lo visto Ginesillo ha decidido acompañarme en mis baños. Ha estado a punto de caerse pero le da igual: sigue y sigue y sigue paseándose.  Varias veces olisquea el agua y estornuda, y vuelve a hacerlo una y otra vez. Si dejo de mirarle se pone a maullar. Es pesadísimo y genial.

Me paso una hora en la bañera. Salgo arrugada, voy al salón y llego justo para ver cómo expulsan a Carlos Baute. Me voy a dormir y Hor se queda escribiendo. Se acuesta tardísimo, yo tardo un rato en dormirme pero no le siento llegar a la cama.

Hemos puesto la alarma a las 8. Me despierto cinco minutos antes, porque siento pasos en la casa. Es Luz, la señora que viene los miércoles a casa de Hor para ayudarle con la plancha y la limpieza. Él apura en la cama un rato, pero yo me levanto, hago café y me lo tomo en el salón mientras Luz plancha y me cuenta un montón de cosas. Yo nunca duermo los martes aquí, así que nunca estoy los miércoles por la mañana, y apenas he coincidido una vez antes de hoy con Luz. Claramente está más despierta que yo, que sólo alcanzo a intentar ser amable. Es como cuando Hor se levanta y yo ya llevo dos cafés y estoy espídica y no paro de contarle cosas. Uf.

Cuando estamos listos, nos vamos a Toledo. Vamos a un casting de extras para la próxima peli de José Luis Cuerda. Me hace mucha ilu pero tenemos pocas esperanzas de que me seleccionen, porque los extras con pelo de colores son algo que ni recuerdo haber visto. Pero igual pillan a Hor.  En realidad le convencí para venir porque era el 27 de septiembre y así tenía algo guay que escribir en esta edición. Así fue: llegamos al centro social en cuestión, esperamos un poquillo pero no mucho, y pasamos al auditorio con bastante gente haciendo cola, en cuyo escenario te registraban y te hacían una foto. Me tocó la pegatina número 444. Resulta que la peli está ambientada en un postapocalíptico año 9177 y me el chico me preguntó mi disponibilidad y me dijo "es que...no sé, pero creo que te cogerán...tu pelo pega con el rollo postapocalíptico".

Mi pelo podría estar de moda dentro de 7000 años. Ahí lo dejo.

Nos echamos unas risas con la tontería. Y no encontramos ni un jodido bar abierto en los alrededores. Así que, como la cosa había ido genial, volvimos a Madrid. A pasar por mi casa para ver si nos daba tiempo a descansar un poco antes de irnos a currar.

En mi casa, Hor publicó esta nota tan bonita. Un juego dentro de otro juego. Pedimos comida china. Nos tumbamos un ratín lo que llegaba la comida. Tardaba. Tardaba. Tardaba. Tardó una hora. Cuando me despierto, Hor está llamando al chino a preguntar qué pasa y a los 2 min suena el telefonillo.

Comemos y él se va en seguida a su curro, yo me tomo otro café, hago cuatro cosillas en casa y las 15:45 estoy saliendo. Atravieso Madrid casi entero en metro y antes de las 17h llego a la escuela. Estoy limpiando un poco antes de abrir cuando llega Encarna. Mi antigua compi de piso, hermanita pequeña adoptada, y cuarto miembro fundamental en Pole&Roll. En cuanto subimos el cierre empieza el jaleo: vienen los niños para su clase de Pole Kids. Suena el teléfono. Entra gente a preguntar. A ser posible, todo a la vez. En un momento de paz, salgo a fumar con una alumna que es mami de un niño que viene a Pole Kids. Charlamos un poquito pero tengo que seguir con el curro de la recepción.

Llega Áurea, con su tripita incipiente que contiene a un futuro acróbata, seguro. Hablamos de cosas de la escuela. Está todo petado. Es muy fuerte. Necesitaríamos otra sala de Pole.

Hoy sólo doy una clase: es mi día más relajado. A un grupo de alumnas muy nuevas. Todavía están flipando mucho con todo. Hacemos algunos giros, escalamos, salen cosas. Siempre salen cosas bonitas. No me he cansado. Todavía no me he cansado. Me sigue flipando explicar, enseñar, compartir el secreto de volar. A veces se lo veo en la cara. Desde la primera clase. Que ya están atrapadas y que no lo podrán dejar. Que les acaba de dar un vuelco el alma como me pasó a mí. Me miran y flipan como yo cuando miraba a mi profe. Esas primeras veces que ves Pole en directo. Cómo olvidarlo: es muy mágico. Ver a alguien volar con naturalidad, que parezca que no cuesta. Yo a veces pensaba que sólo por ir a ver a mi profe hacer las cosas, ya valía la pena pagar la clase.

Así que es una clase muy amena y salen contentas y me quedo en la recepción otro rato de puto no parar. Y cuando son las 21:20 me voy a buscar a Hor a la salida de su curro. No solemos llevar tantísimo trajín pero lo de Toledo nos ha descuadrado el puzzle que hacemos cada semana para compaginar casas, gatos, vernos, querernos. Y esta noche volvemos a su casa. Iba sobradísima de tiempo, pero el primer metro no admitía viajeros, y el segundo se paró mucho rato en Villa de Vallecas por un problema técnico, así que al final llego justita. Bendito pero puto metro a veces.

Cenamos comida china de la que sobró a mediodía. Vemos 'Quien quiere casarse con mi hijo'. Lo que yo clasifico como telebasura de calidad. Me hace mucha gracia, pero también estoy muy cansada, hemos dormido muy poco y trotado mucho, y voy a despedir el 27 de septiembre otra vez en la bañera.

Ginés viene a hacerme compañía. Y ya entiendo lo de ayer.  No olisqueaba el agua: quiere beber, pero como está caliente no le gusta. Pero vuelve a probar. Por si se ha enfriado, supongo...

Se acaba el 27 de septiembre.

Anexo: Me tomo el espidifen que me había reservado para una posible urgencia de madrugada. Porque una muela me lleva doliendo un par de días y hoy ha ido a peor. No lo he dicho hasta ahora para que no me jodiera el día, que ha estado muy bien. Pero me duele, y me sube el dolor mientras me baño. Me doy masajitos en mi pobre cabeza de bruxista y me duele todo. Supongo que se junta una cosa con la otra. Justamente esta medicina y no otra, me hace un efecto instantáneo. Y espero que me dure el efecto toda la noche, porque el 28 va a ser un día largo. Nos vamos a la cama y tengo por delante 8h 32 min., dice la alarma. Ha sido un 27 de septiembre muy digno, Gorki.

(pero eso fue antes de despertarme del dolor, pensando que serían las 7 o las 8, y eran las putas 2:30h. antes de irme a rumiar mi miseria al salón, y que me acompañara Ginesillo con ganas locas de jugar, mordiéndome los dedos y cazándome sin parar, antes de pasarme hora y media sin saber qué hacer, dando vueltas en el sofá, con el dolor disparando rayos desde la muela jodida a la inserción de la mandíbula, a las muelas de abajo, a la sien, al ojo. una mano gigante y cabrona apretándome la cabeza por dentro. pero esa es otra historia)






miércoles, 28 de septiembre de 2016

27 de septiembre - el día que hay que escribir (quinta edición)

Máximo Gorki propuso en 1935 que todo escritor, aspirante, reconocido o anónimo, profesional o aficionado, narrase un día de su vida: el 27 de septiembre. Y esta, la edición de 2016, es mi quinto año consecutivo narrando mi 27 de septiembre. 


Cuando empieza el día, las 00:00, estoy tirada en el sofá de mi casa con Hor y con la gata haciendo runrún cerca de nosotros. Estamos viendo Bates Motel, la serie precuela de Psicosis. Llevamos una temporada aficionados a las series...nos bebemos una y empezamos otra. Leemos poco. Escribimos menos. Yo lo echo de menos, a veces. Poder pasarme el día escribiendo. O mejor dicho las noches. Y de un  tiempo a esta parte se me da peor trasnochar. Mi trabajo es demasiado físico y necesito dormir, no hay cuerpo que aguante como antes, durmiendo 4 o 5 horas a deshora. 

Enlazamos un capítulo tras otro y nos dan las 2. Nos vamos a la cama y Hor me hace cosquillas hasta  que me duermo. 

Nos despertamos sobre las 9. Él se va a trabajar y yo me quedo en casa trabajando. Hay que organizar todos los grupos nuevos para octubre. ¿Qué grupos? Los de las actividades de la escuela de danza que montamos hace un año y que sigue en pie y con perspectivas alentadoras.

A veces me da miedo despertarme y que todo haya sido un sueño.
A veces me da miedo despertarme y que todo esto de volar, de dedicarme a enseñar a volar, de tener un curro tan bonito en el que los días se me hacen cortos, sea un sueño.
A veces me imagino que nunca hubiera descubierto el pole dance y no tengo ni puñetera idea de qué habría sido mi vida sin ello, pero sería aburrida y estaría frustrada sin saber qué es ese algo que me faltaba y que nunca encontraba. 



Me enamoré. Es así. Lo probé, me enamoré y no lo he dejado desde que lo conocí. 

Así que Hor se va a trabajar y yo me quedo en casa enviando chorrocientos whatsapps, haciendo llamadas, respondiendo llamadas; anotando, borrando, tachando y reanotando en mi cuaderno. 

Cuando quiero darme cuenta es la 1 de la tarde y sigo en pijama. No me he movido de la silla desde las 9:30 y ahora sí, meto el turbo a la casa: me doy una ducha, me visto con unos leggins de flores, una camiseta azul con un dibujo de un conejo y debajo la frase 'My life is like a song'. Recojo la ropa tendida, la guardo en el armario (nunca plancho la ropa) y paso la mopa a la casa. Preparo algo de comer: Espaguetis con berberechos, milanesas de soja y una ensalada de postre: rabanitos, naranja en trozos, uvas y unas hojas de lechuga. Tremenda combinación.

Salgo de casa sobre las 15:30. La línea de metro que me lleva hasta la escuela está de obras, así que tengo que hacer un gymkana con 3 transbordos hasta llegar allí, casi a las 17h. Cuento los días para que vuelvan a abrir la línea 1. Aprovecho el viaje para responder más mensajes, devolver alguna llamada y preparar las clases de esta tarde: un grupo de niñas y dos grupos de adultas. 

A las 17:30 llegan las niñas: hoy la clase está al completo. Me encanta dar clase a las enanas aunque es agotador. Es como dar dos clases de adultos. En cuanto pueden, trepan hasta arriba hasta por las paredes. Son temerarias y no ven el peligro. Hacen exactamente lo que les he dicho que no pueden hacer. En cuanto algo no les sale se ponen a hacer lo que les sale del mambo. Entretanto, les enseño giros molones y figuras que dejarán boquiabierto a cualquiera en el parque, donde sé que luego practican todo. Son pequeñas ninjas voladoras, o lo serán si hacen caso y aprenden a volar.
Las madres se asoman al final de clase y no pueden dejar de flipar con lo que hacen sus niñas. Y a mí me encanta mi trabajo. 

Luego llegan las mayores: más disciplinadas pero las risas, los gritos, el buen rollo de la clase y la adrenalina y serotonina ambiental no tiene nada que envidiar a la clase de las niñas. Hoy se marcan Jades, una figura muy deseada que es un hito conseguir. Y lo van consiguiendo. Chicas que llevan un año, y que hace mucho que hacen cosas que nunca se imaginaron que llegarían a hacer. Lo pasamos en grande y aplaudimos al final de las clases. 

Lo mismo en el segundo grupo: Allegras, Supermanes, Mariposas extendidas, Monos, Pececitos y demás seres desfilan en una clase de chicas que se van doloridas pero felices de haber conseguido nuevos retos. O picadas por no haber conseguido su reto de hoy. Mañana lo lograrán. El pole es un proceso, y a veces no compensa tener prisa. 

Hor aparece en la escuela sólo para darme un beso camino de su casa. Le veo al otro lado del ojo de buey que hay en la puerta de clase, y salgo un momento a darnos un arrumaco. Hoy no dormimos juntos, cada mochuelo se va a su olivo. La gata de cada cual demanda a su humano.

Acaban las clases. Cierro la escuela. Una amiga me está esperando al terminar su clase y me acerca en coche hasta un metro que me viene bien. Charlamos por el camino y planeamos quedar con más compis un viernes de éstos. 

Son más de las 23 cuando llego a casa. Respondo a las demandas de mimos de la gata y me preparo algo de cena: bocadillo de salmón, tomate y queso fresco. Me lo como intercalado con carreras y escondites con la gata. Dan las 12. Se acaba al día. 

Ojalá tuvieran más horas. Ojalá me hubiera dado tiempo a más. 
Tecleo la dirección de este blog, mi blog...compruebo que aún existe. Le quito las telarañas. Miro las estadísticas. Tengo unas quinientas visitas al mes. Me parece muchísimo, dado que ya no escribo. 
Leo los anteriores 27 de septiembre. Me gusta mucho cómo ha ido cambiando mi vida. 

Me quedaría aquí un tiempito más. Girando, volando, dejándonos los cuernos por un sueño. Con todo el sacrificio que conlleva. Con todo el esfuerzo que conlleva. Con toda la paciencia que conlleva. 
Con todos los callos. 


Y entonces pulso 'entrada nueva' y me da como vertiguillo. Más que hacer un russian layback. Y noto ese cosquilleo y me pongo a escribir el día que hay que escribir.

do what you love what you do




jueves, 8 de octubre de 2015

27 de septiembre - el día que hay que escribir (aunque sea con retraso)


Maximo Gorki propuso en 1935 que todo escritor, aspirante a, aficionado, espontáneo o anónimo narrara alguna vez un día de su vida, en concreto el 27 de septiembre. Ya es la cuarta vez que lo hago...esta vez el 27 de septiembre llega con retraso. Pero llega. Y este fue mi 27 de septiembre de 2015.


Cuando comienza el día, a las 0:00, estoy en casa, con la gata ya dormida sobre mis piernas. Ha terminado un día largo de Jornada de Puertas Abiertas en Pole&Roll, la escuela de danza, fitness y pole dance que acabamos de inaugurar en Vallecas (Madrid), que han fundado Hor, Áurea y el cuñado de Áurea y en la que me llevo dejando el alma, el sudor y la piel los últimos meses. Y el día ha ido bien. Mucha gente probando las clases, buenas perspectivas y una apertura esperanzadora, después de una obra desesperante.



Pues sí. En cuatro años de narración, tres lugares diferentes. Eso hace relativizar por un lado (dónde estaré el año que viene) y querer echar raíces por otro (ojalá me quedara aquí un tiempito). Ojalá me pudiera jubilar dando clases de pole dance. Ojalá.



Pongo la tele de fondo. Miro vídeos de pole. Me relajo, después de muchos muchos días de muchísimo trabajo. El 27 de septiembre de 2015 cae en domingo y es el primero en el que realmente descanso desde hace un mes o así. No pongo el despertador. Duermo mucho, muy a gusto, y me despierto y duermo un rato más, y cuando por fin me levanto no son ni las 11 y hace un sol estupendo. 



Desayuno café con leche de avena y fumo...lo dejé y volví. Fue el intento más serio de los últimos años, pero ya volví hace meses, y fumo. Friego cacharros, hago la cama, cambio la arena de la gata y me voy a dar una vuelta por el barrio, simplemente para que me dé el aire y el sol del último coletazo del verano. Y compro unos cruasanes para Hor y unos donuts de chocolate para mí. Por puro capricho. 



Vuelvo a casa, y como tortilla y pimientos fritos que me trajo mi madre ayer a la escuela. Vinieron mis padres y mi hermano a ver cómo había quedado, y por supuesto me trajo unos tuppers y unas viandas ricas. Así que lo tengo hecho. La gata come conmigo. Literalmente. Le encanta la tortilla.

Por fin, un día así. Un 27 de septiembre así. Me paso la tarde tirada vilmente, viendo pelis de sobremesa que intercalo con tareas suaves como hacer listas de cosas por hacer o contestar guasaps atrasados. Hor viene a la noche, y le preparo un guiso de mijo que he perfeccionado hace poco y que le encanta. Y nos comemos los cruasanes y los donuts, y nos vemos un par de capítulos de Hannibal, antes de caer dormidos y abrazados en el sofá, antes de otra semana dura, intensa, llena de aventuras y de imprevistos, de sonrisas nuevas y otras ya conocidas, de alegrías y de sustos, de dejarnos la piel, como cada día de cada año, en seguir viviendo nuestra jodida obra de arte. 




                                            

...y estamos tan cerquita. que estamos dentro, aquí, ya. 

viernes, 10 de julio de 2015

mírame

estoy aquí,
se supone
que esta es la casa de una amiga
a la que puedo volver después de meses,
despeinada y sin avisar.

y decirme
-¡cuánto tiempo! ¿en qué andas? ¿cómo estás?
y responderme
-no ando mucho... casi todo el rato giro y vuelo,
estoy bien,
pero estaré mejor
pero estoy bien

me miro y sin jodida duda por fin
me parezco a cómo quería ser de mayor
cuando era niña,
ahora,
no en los anteriores diez o veinte años,
ahora sí,
por fin
pasan cosas interesantes:
que paseando por Lisboa

(no un día cualquiera:
cuando salía de hacer una clase
con una de mis polestar fetiche,
que además era un regalo
del morenazo que me llevó a Lisboa,)

un fotógrafo me pregunte
si puede hacer una foto de mi pelo
que era exactamente lo que estábamos intentando
cinco minutos antes
(y no conseguíamos que saliera bien)

y que nos vengamos todos tan arriba
que consiga sacar la foto
que estaba dentro de mi cabeza.

actuar en un encuentro de circo
en un pueblo de Burgos
y que nos trataran como si fuéramos
del circo del sol.
que gente que admiras mucho te felicite,
que una niña venga corriendo a decirte
'lo has hecho muy bien'

ahora PASAN COSAS.

abrir la puerta de este blog,
ver la foto de portada,
entender que los colores han cambiado.
cosas que nunca esperabas,
como rechazar visceralmente vestir de negro
cosas que nunca esperabas.
cosas que nunca esperabas.

una nunca puede aferrarse
ni siquiera a una misma
para permitirse cambiar.

necesitaba tanto los colores
que me hice de colores
y fui mucho más feliz.

supongo que escribía tanto
porque lo necesitaba
mucho mucho
ahora no sé hasta dónde era una condición
hasta dónde era una carencia de volar
puede que escribiera tanto porque no podía volar
y era una forma de volar
ahora vuelo
físicamente
y volar te hace ser tan consciente de tu cuerpo
del equilibrio, de la postura, de la fuerza que se necesita,
volar te pone en tensión todos los músculos del cuerpo
y hace falta estar tan concentrada
que se parece mucho a la poesía.

y tal vez por eso tengo menos necesidad
pero no me hace querer menos
a esta amiga que siempre me abre la puerta
cuando llego después de meses,
despeinada y sin avisar.



la foto es de Jonoko



lunes, 2 de marzo de 2015

este lugar ya es de otra

que soy yo, pero ya no más.

Ya no más.

La que empezó este blog en 2010 no es la misma ni tiene los mismos motivos que yo ahora.

Es la primera vez que siento que si fuera un libro, habría terminado de escribirlo. Con la única certeza de haber sido un personaje redondo, o mejor dicho, espiral.

Porque ahora giro.

Encontré el sentido, el secreto de las espirales. El secreto está en el eje, y en cómo proyectes la fuerza. La fuerza puede ser la misma, pero no estar bien dirigida. Y entonces no giras.

Me pasaba algo de eso. No me falta fuerza, pero no está(ba) bien dirigida. Aún estoy en ello. Tengo que soltar lastres.

Por eso escribo esta noche. Me despido de algunas cosas que es necesario soltar para avanzar. Soltar para avanzar. Una nunca puede aferrarse, ni siquiera a una misma.

Recuérdalo: aferrarse no es bueno. Ni siquiera a ti mismo, o no te dejarás evolucionar.
Hace casi cinco años. Recién llegada la primavera, y con una gripe encima como no he agarrado en todo este invierno. Con mi pelo castaño casi recién cortado. Con un racimo de miedos, inestabilidades y ansiedades dentro. Con aquella necesidad de amar y ser un poco amada, en aquel invierno tan largo. Ya no soy la misma. 

Y casi cinco años después, huele a primavera, otra vez, y yo salí de mi hoyo mental, por fin, y ya no soy la de la foto de portada, que yo ahora soy de colores, y no soy tan mala perra, ahora más veces soy una gata que ronronea.

No sé dónde voy, (cuando lo sepa pondré el link!) pero sé que es el momento.
Hay cinco años de mi vida aquí, entre relatos, poemas, fotos y demás indecencias. Lo empecé con veintiséis recién cumplidos y acabo de soplar unas velas que decían 31. Aunque no se vea el lazo, están aquí envueltos y con cariño por si alguien quiere volverlos a la vida de vez en cuando.

Algo haré con ello antes de que la que Edad Oscura Digital nos cruja o, en fin, blogger pete.

Es un hecho: me esperan nuevas y trepidantes aventuras


                               
muchas gracias por compartir mis vueltas en espiral

martes, 20 de enero de 2015

irreconocible

fui a ver a mi perro, casi cinco años después. es lo que tiene haber perdido la relación con el dueño durante tanto tiempo.

el caso es que quedamos, y fui a ver a mi perro y mi perro no me conoció. es inevitable haber visto vídeos de perros cuando sus dueños vuelven de la guerra o de largas ausencias. se supone que los perros recuerdan. se supone que el perro de Ulises le reconoció. y han pasado cinco años, pero habíamos pasado tres años juntos. durmió en mis piernas todo el trayecto Zaragoza-Guadalajara cuando lo adoptamos de cachorro. vivimos en la misma casa casi tres años. y cuando su dueño y yo nos separamos iba a verle, casi durante un año más. ese perro me adoraba, y yo a él. me buscaba cuando quería mimos. me buscaba si le caía alguna bronca. yo era lo más parecido al rol materno.

y no me conoció.

y lo que me pregunto es:

¿no me conoció o no soy la misma?

¿he cambiado tanto? ¿mi perro tiene mala memoria? ¿he fracasado como humana? ¿a qué clase de humano olvidaría su perro?

¿puede ser recuerde a la que yo era y no me reconoce en la de ahora, pero me sigue recordando? o, ¿en qué momento me olvidó? ¿cuándo fue demasiado tarde?

me cuesta pensar que me ha olvidado. prefiero pensar que no me reconoce. son cosas muy diferentes.

y tal vez soy tan distinta de la de entonces, que puede que ella ya no exista.

y a lo mejor el perro lleva razón.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

vacaciones (III) momentáneas. revivirme.

entren y comparen
 me quedé
ΜΟΛΩΝ ΛΑΒΕ

y hasta las paredes me dicen muerde

llené mi agenda holandesa de aventuras.
ya tengo el recambio para 2015.

"somos libres, gata"
de donde nos tengamos que ir, nos difuminaremos.
y a donde tengamos que ir, iremos.

de día - me dedico a esto.
(alegre con mi allegra)

de noche - me dedico al baño en compañía
(y al placer de que me trencen)

rincones de mi vieja y nueva habitación
(se está borrando con los años, pero dice: "yo soy un sapo negro con dos alas")

las runas dicen que sí

las calles gritan que sí

yo digo que sí, sí, sí

(Fachada de Tabacalera - Madrid)



martes, 30 de diciembre de 2014

todo lo que nunca fui (o lo que siempre he sido sin saberlo) - (de la canción 'Pipas' de Hovik)

pensé que me cansaría pronto pero un año después llevo la melena más morada que nunca y no me apetece volver a mi color. tal vez para cuando vuelva ya será blanco, y podré ponerme los colores sin tener que decolorar, qué gozada. el otro día me asaltó el pensamiento de que en algún momento me saldrán canas en las cejas, y eso sí que no sé cómo lo voy a manejar. nunca me he teñido las cejas. son más oscuras que el castaño de mi melena, de toda la vida, y me gustan así.
claramente he heredado el tipo de cabello de mi padre (indomable, espeso, lo que se llama 'una buena mata') y la forma de las cejas de mi madre. mi madre no tiene una sola cana en las cejas a sus sesenta y tres años. y me pregunto si en el bingo genético me podría hacer línea eso, unas cejas oscuras de por vida sobre mis ojos grandes como los suyos, la forma de la nariz y la mala dentadura, o si lo hará la fibromialgia, la fatiga crónica, la osteoporosis, las varices o las hernias cervicales. algo hará línea.

pensé que algunos flanes saldrían mejor de lo que han salido y como me encanta que los flanes salgan bien estoy dispuesta a variar la receta. estoy dispuesta a aprender de mis errores. es de lo que más aprendo. pero esto no es nuevo. lo nuevo es: no estoy dispuesta a renunciar a mis aciertos.
mis putos aciertos. ya está bien. allá donde estén, los voy a proteger, los voy defender, y los voy a sacar adelante.

y la barra se ha convertido en mi respuesta a casi todo.

jueves, 25 de diciembre de 2014

cuenta adelante - gritaré más bajo que nadie

hace justo un año que soy más libre. esto es así con todas las letras: que me echasen de aquel curro fue una liberación y no sé qué estaría siendo de mí si no lo hubieran hecho.
me puse el pelo de colores. me dediqué a pensar, a cocinar cosas ricas, a pasar el invierno en casa haciendo mimos a la gata y salía de casa para ir a mis clases de pole dance y poco más.
me reinventé más que cuando me escribo: mi vida ha dado giros, literalmente.
en un acto de justicia poética me compré una barra de podio a-lu-ci-nan-te con la pasta que cobré del paro. y así me pude reconciliar con el tiempo perdido y dejar de considerarlo tal.

en este año: murió mi abuelo. el último que me quedaba vivo. quise escribir sobre él y no encontré la manera. el día que murió lo pasé leyendo la historia de su vida, la escribió él hace unos treinta años en un cuaderno. es decir, cuando él tenía sesenta y largos. vivió casi cien. resumió esos sesenta y pico años, con letra diminuta, en menos de cincuenta páginas. en menos de cincuenta páginas contaba su infancia de miseria, su juventud frustrada por la guerra, los años de la guerra, los años de preso después de la guerra, la novia que le dejó porque no soportó los años de ausencia y no saber si iba a volver, y no saber si le iban a volver a llevar preso cualquier día. y de cómo al tiempo conoció a mi abuela, otra vencida, y se casaron para intentar olvidar. y las penurias para poder comer algo cada día. y la hija que se les murió de pequeñita. y me avergoncé un poco de todos los cuadernos que tengo escritos, llenos de tonterías. cosas que ya no me importan ni a mí. litros de letras de garrafón. y pensé: a lo mejor debería hacer como mi abuelo: esperar a ser vieja, tener un poco de perspectiva, contar mi vida en cincuenta páginas y quemar lo demás.

redescubrí el circo.
me hice instructora de pole.
ayudé a construir un sueño hermoso, pero que no es mío.
hice listas de objetivos y los cumplí casi todos.
hago la cama todos los días.
soy más fuerte de lo que he sido nunca, por dentro y por fuera, y
creo que me centraré en mis propios sueños.
tengo tanta suerte que a veces creo que va a pasar algo terrible para compensar.
a veces me siento tan sola.

girar muy rápido me da paz.
como si me centrifugara y todos los pensamientos de mierda salieran disparados.

justo un año después de escribir esto, el 23 de diciembre de 2014,
C. vino a mi casa, después de conocernos a través de aquí, de este blog, para que le echara las runas y le leyera las manos. y espero de corazón que le sirviera. después me fui a dar clase de pole (la última del año para el grupo de los martes) y me lo pasé muy bien.

Hor me estaba esperando a la salida, me llevó a casa, me hizo una cena de celebración (huevos rotos: los adoro) porque le dije ¿sabes? mañana va a hacer un año desde que me echaron del curro aquel. y cenamos como bestias, y me dio un masaje y me quedé dormida de cansancio y de gustito infinito.

y hoy, vine a mi terruño pronto, di una clase de pole (lucho por darlo a conocer en esta ciudad pequeñita) y, joder, visto así, objetivamente todo, mi vida es mucho mejor que hace un año. hago lo que me gusta y me gusta lo que hago. pasé la tarde ordenando libros y papeles. mis padres se mudaron de piso hace unos meses y trajeron los muebles de mi habitación, pero los libros estaban desordenados, según salieron de las cajas de mudanza. no sabemos por qué, pero a nadie nos dio pena dejar el piso anterior, donde habíamos vivido toda la vida. hoy es la primera vez que me quedo a dormir en el piso nuevo, así que reestreno habitación.
y sigo de reestreno de mi vida.


y tengo ganas de gritar más bajo que nadie


miércoles, 19 de noviembre de 2014

domingo, 19 de octubre de 2014

más rara que una perra verde: preguntas frecuentes sobre mi melena de colores


El jueves pasado, en las escaleras del metro, pasé junto a una chica con el pelo de color turquesa. Al pasar junto a ella pensé algo como ¡ehhhh me mola tu rollo! ¡eres del clan! que es más o menos lo que pienso siempre que me cruzo con alguien que lleva el pelo de colores vistosos como yo.

Al poco escuché que me decía ¡Oye, perdona! ¿te puedo hacer una pregunta? Es que me encanta tu pelo, te vi pasar y... ¿Te lo haces tú? Oh yeah, nena, me lo hago yo. Y ahí estuvimos: como diez minutos hablando de nuestros pelos de colores en un pasillo del metro. Creo que debíamos ser algo pintorescas.

Y como no era la primera, ni la segunda ni la tercera, si no la cuarta persona esta semana en preguntarme técnicas, marcas de tinte, colores, cuidados, etc., fue el detonante perfecto para decidirme a hacer este especial en el que te explico cómo hacer de tu melena un colorismo digno de pavas reales, mariposas, flores o arcoiris. O al menos cómo lo hago yo.

Aquí el morado predominante es Hot Purple de Crazy Color, y las puntas son azul Peacock Blue también de Crazy Color, aunque ya se había ido bastante y por eso está 'azulillo desteñido', cosa que también me gusta mucho.

CONSIDERACIONES GENERALES: 
-Mi tipo de pelo es, según lo que he escuchado decir a las peluqueras toda mi vida: muy fino, muchísima cantidad y cabrón. Cabrón por rebelde, y como es liso no lo parece. La gente lo ve y dice 'uy qué gozada para hacerte peinados' pero de eso nada: yo he visto a peluqueras pasarlas putas para hacerme un recogido, porque hacen falta cuatro o cinco manos para someter a esos pelillos que se escapan, esos mechones que se descolocan, esa raya indomable, y en última instancia, lo arreglan todo a base de laca y más laca y más laca. 

-Cosa que yo no uso casi nunca: nada de laca, gomina, espuma ni fijadores de ningún tipo. No me gustan nada.

Dicho esto, paso a aclarar las PREGUNTAS FRECUENTES:

-¿CADA CUÁNTO TE TIÑES? ¿TE LO HACES TÚ?
El morado, verde, azul, o todos ellos, más o menos cada tres semanas.
Y me decoloro las raíces cada... dos... tres meses... o eso sería lo ideal, el hecho es que lo estiro más.
Esto también lo hago yo. Agua oxigenada del 20 y un sobre de polvos de comosellame que te lo venden junto, y unos 40-50 minutos. No se me queda blanco, sino rubio clarito. IMPORTANTE aclarar muy muy bien y secar muy muy bien el pelo decolorado antes de dar el tinte de color. Sobre pelo mojado, el tinte ESCURRE y no agarra igual.

ACLARACIÓN: La primera vez tuve que decolorar toda la melena, y esto sí lo hice en una peluquería, donde dos peluqueras a destajo casi no se hacen con ello. Pero al final sí. Y me costó convencerlas, me decían que se me podía quedar el pelo muy seco, muy quemado o quebradizo, pero la verdad es que ha pasado casi un año y no ha sido así. Me decían que era un burrada hacerlo así de golpe, que había que hacer la transición al rubio de forma progresiva, pero vaya, imprescindible no es, está demostrado.

-¿CÓMO HACES QUE BRILLE TANTO?
Pues debe ser gracias a mis sofisticadísimos y carísimos y exclusivos productos capilares. 

Todos mis sofisticados productos para cuidar mi pelazo:
*en este caso casi todos de mercadona, pero quitando el sérum, que me flipa el de deliplus, lo demás puede ser de cualquier marca que no se anuncie por la tele (no me gusta pagar publicidad)
-Crema suavizante a granel.
-Champú de niños.
-Sérum: unas gotitas de vez en cuando.
-Mascarilla para pelo teñido: Un pegote cada dos semanas.
-Crema alisadora: Este frasco se va a morir de pena antes de que lo gaste, pero ahí está para un de vez en cuando.
-Protector de calor, para antes de plancharlo (me lo plancho a rachas) por cierto, este no me gusta (por el olor) no veo la hora en que se gaste!!



Pues no sé, te puedo contar cómo me lo cuido y si algo te sirve, pues me alegro. En cualquier caso, quitando el detalle de ser un poco cabrona, no me puedo quejar de melena, en lo lustrosa.

Instrucciones de uso de mi pelo: me lo lavo dos veces por semana, como mucho tres. Sé que habrá gente a la que esto le parezca una guarrada, pero el hecho es que a mí me funciona tan bien, que una de las preguntas más frecuentes que me hacen es qué hago para tenerlo tan brillante. Claro, esto no es viable si usas lacas, gominas o cosas de esas. Cuando llevé el pelo corto necesitaba usar esos potingues (el cabronismo de mi pelo es inversamente proporcional a su longitud!!) y tenía que lavarlo a diario para eliminar la suciedad que dejan.

Sigo: Uso champú para niños (IMPORTANTE PARA PELOS DE COLORES: por lo menos a mí, me resulta menos agresivo para el tinte vegetal que el champú 'para cabellos teñidos') y solamente froto en el cuero cabelludo que es el que produce grasa, porque, ¡importante! el pelo no lo hace. El pelo es queratina, lo mismo que las uñas, y no necesita ser desengrasado. El cuero cabelludo sí. Así que no me enjabono el pelo, no como en los anuncios de champú, nunca. De hecho, durante un tiempo no usé champú en absoluto. Hay un señor post al respecto: 'El mito del champú', para quien tenga curiosidad. Bueno, pues cepillando el pelo a conciencia dos veces al día, y lavándolo dos-tres veces por semana con agua caliente y crema suavizante, pasé meses sin notar ninguna diferencia respecto a cuando usaba champú. Pero bueno, cuando me tiño sí uso un poco para aclarar del pelo el exceso de tinte, así que al final volví a usarlo (con mesura) casi sin darme cuenta, y supongo que más que nada por el qué dirán.

Total: dos lavados por semana, poco champú (y del más suave) y MUCHA crema suavizante. Ya sé que siempre dicen que hay que usar poca y repartirla bien, pero qué queréis que os diga: mi método es embadurnarme el pelo con ella, me encanta. Y cepillarme con los dedos para que llegue a todas partes, y luego echarme un poco más. Pues sí: abuso a tope de la crema suavizante. Cada dos semanas o cuando me lo noto un poco seco, me doy mascarilla que es igual pero más densa. Y me lo gozo cinco minutitos, y luego aclaro muy muy bien. ¿Qué cuál? Pues crema suavizante de la más barata, mujer. La de un litro por menos de dos euros. Y mascarilla de la de 2,50 el bote en el mercadona. Las encuentro igualitas que las caras, que también las he probado.

-¿QUÉ TINTE USAS?
Actualmente, el tono Plum de La Riche Directions: después de un peregrinaje por otras marcas, creo que he encontrado la definitiva. Es vegana, cruelty free, se encuentra baratita por ebay ya que en España no se comercializa (encargué 4 botes y me costaron en total unos 22 euros con los gastos de envío incluidos), cubre mucho, dura bastante y cunde un montón.

MUY IMPORTANTE: los tintes vegetales hay que mezclarlos con crema suavizante para que emulsionen, es decir, que se hidraten, cojan cuerpo y cubran mucho más. Digamos que así se activan. La gente con pelo de colores que he encontrado hasta ahora no sabe esto y es algo RELEVANTE. Yo lo descubrí en algún blog o tutorial en inglés cuyo link no retengo, lo siento, cuando estaba investigando sobre tintes de colores antes de hacer mi metamorfosis. Pues es IMPORTANTE, REPITO. Y no tiene más complicación, va a ojo: coges el tinte, (para una melena por los hombros, debe bastar con medio bote) lo pones en un bol y añades un buen chorro de cualquier crema suavizante que te guste. Remueves bien y aquello tiene que aumentar de volumen y consistencia sin perder intensidad de color, puedes añadir crema hasta el punto en el que el color se empieza a diluir.

A no ser que quieras un tono pastel: en este caso necesitarás el pelo decolorado hasta el blanco, no vale con rubio claro, y sólo un poco de tinte del color que quieras (verde intenso si vas a querer verde pastel, por ejemplo) mezclado con bastante crema suavizante hasta conseguir la intensidad que quieras. Una solución eficiente a tope: es mucho más económico diluir un bote de color más intenso que comprar muchos botes de color pastel. Lógica aplastante. En mi caso, me gusta el color intenso y me gusta que se vaya difuminando con los lavados, poco a poco. Descubres matices y esas cosas. 


El caso es jugar con los colores... de izquierda a derecha:
-Mascarilla de color morado marca Nirvel. Tal vez para reflejos tenues funcione, pero no es un tinte. Me la compré en un momento de desesperación en que no encontraba Crazy Colors en mi barrio pero no me sirvió de mucho. Si alguien la quiere se la regalo. 

-The Pop Color: Lo usé al principio y no está mal, pero no me convence del todo. Mancha mucho pero mucho la piel, hay que tener bastante cuidado al aplicarlo, y luego no dura taaanto en el pelo. 

-Crazy Color: Estuve mucho tiempo usando el Hot Purple, lo encontraba en varias tiendas de mi barrio pero luego tuvieron problemas de abastecimiento y no lo repusieron durante meses. No sé si sus comerciales son un poco impresentables o es que el Hot Purple realmente ha causado puto furor. El caso es que decidí que le iban a dar por saco al pequeño comercio y me pasé a Ebay. Sobre la marcha fui probando tonos: Violette queda demasiado azul para mi gusto. Peacock Blue y Pine Green los uso para las puntas y me chiflan. Y Cyclamen ha sido un descubrimiento: si tienes la melena morada pero se te degrada en azul, puedes recuperarlo mejor usando un rosa o fucsia, que volviendo a poner morado (porque el morado contiene otra vez azul) Me volví un poco loca hasta que di con ello, en seguida el color se me iba al azul. Pero ya no me pasa: chorrito de rosa o fucsia es el truco.
Esta marca la recomiendo, me parece muy buena en muchos sentidos y dura bastante (unos tonos más que otros, eso sí)
'Bastante' quiere decir seis lavados: en mi caso, unas tres semanas. 

-Y por fin: LA RICHE DIRECTIONS: Con esta sí que estoy encantada y es la que más recomendaría. Vegana, fácil de encontrar por internet, colores preciosos, y con diferencia la más cubriente que he probado. Uso el tono Plum. Viene tan concentrado, que la primera vez me lo dejé como tres horas puesto (la costumbre) y me agarró tanto color morado tan profundo que parecía negro. Tuve que darle un par de lavados de los de enjabonar el pelo, para que soltara tinte y un color morado más claro empezase a salir. Pues eso, controla con el tiempo porque es potente!!
Y juega: yo voy mezclando tonos afines, es bonito tener matices y no todo el color como un bloque. 
 
 -¿Y NO SE TE ESTROPEA (MUCHO) EL PELO?
¡No! La decoloración inicial es la que daba más miedito pero no fue para tanto. La decoloración de raíces cada tres meses la hago con agua oxigenada de la más suave,  es decir: no puede estropearlo más que a cualquiera que se tiña de rubio, que anda que no hay. Yo misma llevaba el pelo antes de un castaño más claro que el original, y para eso, amigas, cualquier tinte lleva una dosis de decolorante. Y por lo demás: el tinte vegetal no estropea el pelo, al contrario que cualquier tinte permanente. Y al mezclarlo con crema suavizante y dejarlo ahí como una hora, lo que estás haciendo es un tratamiendo de cuidados intensivos para el pelo. Algo que no hacía antes con regularidad, así que en todo caso, tengo el pelo mejor.

-¿Y NO MANCHA MUCHO?
Pues mira, un poquillo pero no mucho; y no sé por qué, pero cada vez menos. El primer lavado después de teñirme, un poco. A los dos o tres lavados el agua sale transparente, y creo que no mancha la toalla ('creo' porque es de cajón que uso una oscura, ¿para qué me voy a hacer mala sangre usando una toalla blanca?) Si llueve no tengo que salir corriendo por miedo a desteñirme. Hasta aquí es lo mismo que ir teñida de pelirrojo clásico. Eso sí: mis almohadas son una fiesta de manchitas de colores. Supongo que hay soluciones como recogerse el pelo para domir, seguramente lo minimizaría, pero la verdad es que no me molesta. Está asumido. A veces (ya casi nunca) me pasaba que dormía sobre mi pelo y mi cara también amanecía con alguna mancha morada. Para eso lo mejor que encontré es un botecito de Quitamanchas de Tinte de la Piel, en la sección de tintes de Mercadona por unos tres euros. Con unas gotitas en un algodón basta, así que dura muchísimo.

Creo que cada vez somos más: hace casi un año que llevo el pelo morado y tengo la sensación de que veo cada vez a más gente del Comando Arcoiris. Desde aquí quiero incitar a toda persona con deseos de ponerse el pelo de colores: ¡Hazlo! Si tienes más dudas, pregúntame. Si puedo ayudarte estaré encantada. Es divertido, es bonito, mucho más barato y menos laborioso de lo que se cree, y cuando agarras un mechón y lo miras a la luz, es tan bonito que parece de coña. Si lo quieres hacer... ¡hazlo! Estás tardando. Pensé que iba a ser más lío, pero ahora no le veo más que ventajas.

*Más fotos en entradas como Ventajas de ser púrpura, Purple is the new blonde, o en mi blog sobre pole dance, Polesía.