No hace mucho que hablé del libro 'Vidas ejemplares' de Rafael Torres Mulas.
Fue en el último 'Supervivencia del Espíritu en Trabajos Inestables'.
El otro día conocí a un hombre digno de figurar en el próximo volumen.
Encaja en el subtítulo del libro: Raro, anónimo, libre. El anonimato lo perdió durante un rato por un anuncio que hicieron sobre él. Pero más o menos lo es, sobre todo en España, porque nadie es profeta en su tierra.
Por lo demás, es raro y libre como pocos.
Don Justo Gallego: el último constructor de catedrales.
Que tenía el sueño de hacer una catedral como ofrenda a la Virgen y a Dios y no sólo eso: también como penitencia por quienes no siguen su camino. Y ahí lleva, 47 años haciendo una catedral sobrecogedora. Casi siempre usando materiales reciclados, desechados, desahuciados.
Que a su edad se sube a sitios donde yo no me atrevería.
Le mueve la fe. Le gusta dar ejemplo. Considera que la pobreza es el tesoro que más te libera de la vanidad del mundo. Y te explica todo esto con un carácter, una gracia y a la vez una humildad, que por un lado sólo puedes sentirte una niñata malcriada. Y por otro, te hace ver que hay seres humanos increíbles, inspiradores, que llevan dentro de su espíritu una catedral y han decidido sacarla fuera contra viento y marea.
Conseguir tus sueños de niño o de no tan niño. Vivir a tu manera. Que no hay vidas más ejemplares ni más libres.