viernes, 28 de septiembre de 2012

contra los recortes (X) poesía visual

Tras dos semanas de ausencia, retomo las entradas contra los recortes. Para ello estaba buscando la foto de un cartel que vi el otro día. Decía algo así como:

"Precio de la comida para un diputado: 3,55€
Precio de la comida para un niño en un colegio público: 5€"

Señores diputados: esta Navidad, hagan su buena obra. Apadrinen un niño de un colegio público español. Como hacen los noruegos. Apadrinar niños españoles está de moda.
 
No encuentro la foto pero mientras la busco guardo otras que me parecen interesantes. Casi todas las he sacado (lo digo sin ningún pudor) del grupo de facebook 'Humor Indignado 99%'. Por supuesto estarán en muchos otros sitios y todo eso.

Hoy no digo nada más. Estoy un poco sin palabras últimamente. Pensandopensandopensando sin que eso signifique demasiado. Hoy va de imágenes que lo digan todo.


esquema de la realidad


'de dos esclavos, el más cobarde es el que defiende al amo.'


proporcionalidad a la española




manifestantes perseguidos por policías se refugiaron en este bar, y su encargado, Alberto Casillas, impidió que la policía entrase y según sus propias palabras 'hiciera una masacre'. 'Y que quede clara una cosa: soy votante y afiliado al PP'. Anda, pues no parece demasiado perroflauta. Gracias por ese NO.

 
el valor del NO. cuando las leyes son injustas, lo correcto es desobedecer.

eso quisieran ellos y la merkel.

conclusión: cuidado. la paciencia se agota.





27 de septiembre

En 1935, Máximo Gorki lanzó la propuesta a todos los escritores aficionados y profesionales, presentes y futuros, de escribir un día de su vida: el 27 de septiembre. Lo que vas a leer a continuación es mi particular 27 de septiembre de 2012.

Suena la alarma del móvil a las 6.08 de la madrugada. Hay toda una compleja y supersticiosa fórmula por la cual decido la hora precisa para despertar. Por eso son las 6:08 y no las 6:07 o 6:09, que en mis parámetros maniáticos no serían horas de buen augurio. Aún es noche cerrada.

La gata, que otros días se despierta y se levanta conmigo, hoy no hace el más mínimo amago. Permanece enroscada en su rincón favorito de la cama: a mis pies y cerca de la puerta. Duerme sobre la chaqueta de lana morada que yo llevaba puesta anoche. Sé que le gusta el calorcito que desprende y, por eso, a veces la dejo en la cama, en su rincón favorito. Dejarla dormir sobre mi chaqueta (y llenármela de pelos) es un capricho que le concedo de vez en cuando.

Bien, despierto lúcida para las horas que son y sé qué día es hoy: es 27 de Septiembre, y un post-it encima del escritorio escrito por mi yo de anoche se lo recuerda a mi yo de esta mañana por si acaso se me ha olvidado. El post-it dice: El día que hay que escribir. 27/9

Voy a darme una ducha. Sorpresa: me ha venido la regla, 17 días después de la última vez. Joder, no puede ser, pienso, pero es. No queda más remedio que resignarse a sangrar. Entro en la ducha. No queda más remedio que pensar: Vaya putada de buena mañana para dejar a la posteridad. Joder con el 27 de septiembre. Gorki, ¿qué opinas de esto? Dime que no es una putada: 17 días. Número primo. Mis ovarios me han hecho la 13/14. ¿Cuál de vosotros ha sido, cabrones? Seguro que has sido tú, Ovario Izquierdo. Zurdo cabrón. Espera, si todavía es septiembre, entonces es la segunda vez en el mismo mes. Es una menstruazul.

Desayuno mate. La gata sigue durmiendo. Me visto. Vestidito marrón, medias granates, calzas grises, botas marrones, chambergo, ¿llueve? me asomo: sigue siendo de noche. Pero parece que no llueve. Bolsa con el táper de la comida, bolso con lo imprescindible: abono transporte, libreta, móvil, llaves, un libro ¿qué libro? toca empezar libro y a ver, qué libro: delibero. A veces tardo más en decidir qué libro llevarme en el metro que qué ropa ponerme. Y a veces eso es un gran decir. Me decido por Colmillo Blanco, de Jack London. Me lo regaló ayer Juan (algún día os hablaré de la tienda de Juan, merece un capítulo aparte, pero básicamente es una cooperativa social de recogida y venta de muebles y objetos de todo tipo y condición. Le compré un estuche de dos mesas plegables alucinantes y, en sus palabras, 'evocadoras'. Y me regaló los dos libros que le quise comprar. Los tiene casi todos a cincuenta céntimos. Uno va allí en pleno arrebato consumista con dos euros, y sale con cuatro libros. Es genial. Total, que me llevo Colmillo Blanco. 

En el último momento la gata aparece en la cocina con cara de sueño para que le dé algo de comer. Media latita y un poco de comida seca en previsión de un día largo. Ya no vuelvo hasta por la noche. Se queda comiendo. Sé que después de eso volverá a dormirse. Suertuda. Salgo de casa a las 7.00. Autobús. Metro. Transbordo. Metro. Transbordo. Metro. 

PIII! Suena mi tarjeta en el acceso al Sector de Innovación a las 7:50. 
Subo al vestuario, me pongo el uniforme de azafata. Camisa. Falda por la rodilla. Medias. Zapatos de tacón. Me recojo el pelo. Hoy hago turno doble, así que voy a estar doce horas aquí. Y ¿qué hago aquí? Acumular material narrativo, me digo, acumular material narrativo. Obtener perspectivas sociológicas y antropológicas.

Y ahora me paro a pensar. Qué contar. No sé si me explico. Es demasiado. Un complejo de edificios tan grande como este en el que trabajo es un auténtica ciudad. Describirlo sería contar la vida de una ciudad. Habría que centrarse en un departamento o en un edificio y escribir La Colmena. O La Tienda. Muy interesante si no fueran ya las 0:38 de la noche que ya es 28 de septiembre, en la que escribo todo esto, a menos de seis horas de volver a escuchar la alarma a las 6:08 para volver a pasar doce horas allí. Añádele que va a haber huelga de metro. El puto caos.

Qué contar. Ya. Sería más fácil contar si no trabajase ya allí. Ja. Porque todavía aprecio el sueldo que me llega cada mes. En papel y cuando ya no esté allí, tal vez me explayaría en las menudencias que componen las dinámicas que conforman la vida cotidiana de la Ciudad Empresarial. Los hilos que componen el tapiz, del que mi uniforme es apenas una puntada. Digo mi uniforme y no yo, porque eso soy aquí y eso quiero ser: el mero soporte del uniforme. Yo, sin el uniforme, no encajo aquí ni con calzador y no hay manera de esconderlo. La vaga y omnipresente sensación de caer mal. Las miradas de arriba a abajo. Las sonrisas que no lo son. Donde no hay trabajo mental y la gente se aburre, surge la costumbre de criticar a todo dios. Piques. Grupitos. Las que se ajuntan. Las que no. Es lo mismo a cualquier escala: creces para darte cuenta de que todo sigue siendo el cole. Desde la recepción a cualquier departamento en el que todo el mundo trabaja en silencio cuando está el jefe y se monta la algarabía cuando no está. Y medijeronquedijistequetedije y medijeronqueledijoqueledije paciencia, Val. Acumular material narrativo.

El caso es que es una ciudad. Un microcosmos. Con barrios. Con clases sociales, de las cuales las azafatas pertenecemos a las bajas. Camareros, vigilantes de seguridad, personal de limpieza y de mantenimiento, jardineros, recepcionistas, azafatas. En mi edificio, que tiene un hall, dos recepciones y dos sectores, esos somos los de uniforme impuesto. Luego están 'los de arriba'. Los de los departamentos. Algunas azafatas acaban ascendiendo a secretarias o trabajando en departamentos. Cada vez menos, claro, la crisis y todo eso, pero ocurre. En principio la mayoría estamos allí como trabajo a compaginar con los estudios. Casi todas estudian o han estudiado alguna carrera, o varias. Si es una carrera afín al sector de la Empresa Multinacional en la que trabajamos, a base de tiempo y paciencia pueden acabar optando a un puesto de algo relacionado. Si lo que han estudiado no tiene nada que ver, el reto de este trabajo es poder dejarlo por otro. Hay poca vocación. Se considera trabajo de paso. Hay que intentar no acomodarse o te come la vida. Lo sabemos. Hay que dejarlo. Nos repetimos, algunas: hay que salir de aquí. No sólo nosotras, claro. Siempre alguien lo dice de vez en cuando. Esto es un gigante, algo que se mueve por el impulso de miles de almas dejando su tiempo y su energía en un trabajo que una buena hace porque no tiene alternativa a la vista.

Luego hay gente en puestos intermedios, como los que trabajan en la parte del edificio de cuya recepción nos encargamos cuatro compañeras (tres por la mañana y dos por la tarde) más y yo: el Sector de Innovación. La mayoría son ingenieros. Y una antigua compañera azafata y buena amiga, que ascendió por un asunto de justicia poética. Y luego están los de la otra parte del edificio. Los Jefazos, y sus secretarias, y sus subsecretarias, y así. Ese sector tiene su propia recepción, más grande y con más azafatas, rodeadas de vigilantes de seguridad y escáneres y tornos de acceso. La seguridad es muy fuerte en este edificio y sobre todo en el acceso al Sector de los Jefazos. Son los de uniforme no impuesto, pero que llevan uniforme igual. Los trajeados. Las arregladas. Los taconazos, los bolsos caros. Como una señal para que lo contara -no lo puedo ignorar- hoy, después de semanas sin verla, me crucé dos veces con la Taconetti. La máxima expresión de lo que pasa a veces con 'las de arriba'. Quince centímetros de tacón, de marcas prohibitivamente caras, todos y cada uno de los días del año. Ropa ajustadísima, maquillaje exagerado, bronceado perpetuo. El esperpento.

En mi Sector hay varias salas de reuniones. Las azafatas nos ocupamos de la recepción y de manera muy general, de las salas. Que estén ordenadas, que esté todo bien. Y si no lo está, pasar el aviso a quien lo tenga que poner bien. Llevar cosas de acá para allá. Necesitan más sillas. Piden una pizarra. Hay que avisar a los técnicos Hay que avisar a limpieza Hay que avisar a cafetería Hay que avisar a fulano de tal. Que bajen la temperatura de la sala 5. Que suban la temperatura de la sala 6. Hoy había muchas, muchas reuniones. Vienen visitas concertadas de potenciales clientes. Los ingenieros del departamento muestran con su mejor sonrisa y un ensayado discurso las soluciones innovadoras que tienen para las empresas de los potenciales clientes. Salas temáticas. Pantallas enormes. Aplicaciones para todo. Cómo hacer más eficiente su empresa con nuestras soluciones inteligentes. Supermercados inteligentes, bancos inteligentes, compras inteligentes, pantallas inteligentes, humanos idiotas. Regalo corporativo. Depende quién sea el cliente, mejor o peor regalo. Depende quién sea el cliente, catering sí o catering no. 

Nosotras abrimos con tarjetas magnéticas los tornos de acceso de las visitas. PII pita el acceso. Tenemos que levantarnos cada vez. No hay un botón desde recepción para abrirlos. Hay que levantarse a abrir. Cada vez. Docenas de veces al cabo de las horas. Es una batalla con los de Seguridad, que tienen un botón para abrir pero no lo hacen. Está fuera de su jurisdicción. Sí, hay un pique sostenido con ellos que a veces anima el cotarro. Si tiene que salir mucha gente y no abren ellos, tenemos que hacerlo manualmente nosotras y aquello pita como un demonio porque tenemos que mantener la mano puesta en el sensor del torno para que salgan las por ejemplo cien personas del auditorio y pita mucho más alto de lo normal- PIIIIII PIIIIIII PIIIIII PIIIII PIIIIIII PIIIIIIII PIIIIIIIII PIIIIIIII PIIIIIIIII PIIIIIIIII PIIIIIIIIII PIIIIIIIII PIIIIIIIII PIIIIIIIIII PIIIIIIIII PIIIIIIIIIIII PIIIIIIIIIII -se hacen los suecos porque no les sale de sus cojones gordos darle al botón que tienen junto a su lado. Imponer el único poder que tienes, y hacerlo para joder. Como venganza podemos dejar un post-it pegado en el sensor y sentarnos mientras aquello pita. Ajá. Dije que todavía apreciaba el sueldo que me llega. Bien. Otro tema.

Eso: que también hay un auditorio. Mientras transcurren estas visitas en el Sector con potenciales clientes o hay reuniones en el auditorio, una de nosotras tiene que dejar la recepción y estar por ahí, en el pasillo donde están las salas. Paseándose o quieta, pero por ahí. Haciendo nada. Por si necesitan algo. El sitio es de un rollo un poco minimalista-futurista. Pasillo ancho, paredes como espejos negros, pantallas incrustadas. Videos en bucle. Musiquita corporativa en bucle. Y una 'azafata virtual' al final del pasillo, a tamaño real, de aspecto creíble aunque fantasmagórico "es una retroproyección" eso dicen siempre a las visitas, yo puedo asegurar que es una  pantalla antropomorfa que no interactúa ni leches. Dice su discurso, en inglés y en español, y ya. La venden como la 'azafata virtual'. Pero vaya, que es una pantalla. Juro que hay gente que se hace fotos con ella. Y juraría que más de uno le ha tocado las tetas virtuales. Tremendo.

Así que mientras hay visitas estamos un poco como pasmarotes por el pasillo. Rotamos cada media hora. Algo a nuestro favor es que no nos dicen nada por estar con el móvil más o menos discretamente. Antes de tener un movil guay a mí eso no me interesaba mucho y me aburría un huevo. Pero ahora es otra cosa. Me toca bajar al pasillo. Los ovarios me están torturando. Ya he empezado a leerlo en el metro y estoy enganchadísima, así que me descargo en el móvil Colmillo Blanco y leo. Es lo que hago hoy, por encima de ninguna otra cosa. Leo esa pedazo de historia. Cuando me toca estar en recepción, leo en el libro. Cuando me toca bajar al pasillo, lo hago en el móvil. 

Cuando me preguntan, contesto. Cuando es pertinente, sonrío y saludo. Cuando llegan visitas, me levanto, abro el acceso y doy los buenos días, pregunto sus nombres y llamo a la persona correspondiente. Cuando se van, me levanto para abrir. Hago como que estoy allí. Pero no lo estoy:  me he pasado el día con Colmillo Blanco. 

También hoy salgo a fumar con Mon. Es técnico audiovisual del Sector. Da gusto hablar con él, porque se puede hablar de annunakis y de limoneros y de misterios. Pero hoy hablamos de Madrid. De la manifestación del otro día. De las ostias en la estación de Atocha. De que la gente parece cada vez más cabreada en general. Hace frío en el fumadero. 

Al igual que la mayoría de los días, como sola en el office de mi sector, en la mesita individual que hay junto al montacargas en el que subo y bajo mi comida al office del departamento, que es donde está el microondas. Es un sitio inhóspito para comer, pero ya me he acostumbrado. Hay cámaras frigoríficas y sus zumbidos, zzzzzzzzmmmmzzzzzzzmmmmzzzzzzmmmmmmzzzzzmmmm, una máquina de hielo que apenas se usa y que de vez en cuando suena cracscracscracs, una pila para lavar los platos, armarios donde guardamos utensilios de todo un poco y cosas para picotear y comer y poco más. Es muy estrecho y alargado, sin ventanas, perfectamente camuflado tras una pared del pasillo. Tocas un panel y...sorpresa. Como en las habitaciones secretas de las pelis. Nadie diría que hay un cuarto ahí detrás. 

No puedo dejar de leer Colmillo Blanco mientras como un cocido que me mandó mi madre en un táper en mi última visita. Algo tan familiar y tan materno en un lugar así y vestida de uniforme te alimenta las raíces del espíritu. Y Colmillo Blanco también. 

La tarde pasa más tranquila. La dinámica no cambia mucho. Me duelen los pies. Al final apagamos equipos, nos cambiamos de ropa -mi ropa, por fin- me suelto el pelo PII pita el acceso al pasar mi tarjeta.

20.05 Metro. Transbordo. Metro. Transbordo. Metro. Por fin, 20:50, la calle. Este barrio. 

Voy a casa de Ely y Za, amigas entrañables que me pillan de camino a casa. Tenemos mucha suerte de ser vecinas. Aunque pronto me vaya de esta casa. Tendremos suerte de haberlo sido. Están con otro amigo. Hablamos de nosotros. Hablamos de lo demás. De la manifestación del otro día. Del bruxismo. Del mercatrueque que vamos a organizar. De la tienda de Juan, de la que ellas son también asiduas. De que hoy es 27 de septiembre. 2:10. Gorki me ha dejado menos de cuatro horas de sueño esta noche. Hablamos de postales. Ely me regala una postal. Me faltan 9 páginas para terminar Colmillo Blanco. Lo llevo en el bolso, en papel y en el móvil. Les dejo el libro allí. Yo me lo acabaré de leer en pantalla. Pero ya me ha gustado tanto que ya necesito compartirlo. Incluso antes de acabar. Za me regala un libro. Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuerámos tú y yo, de Albert Espinosa. Para cuando me termine dentro de unas horas Colmillo Blanco. 

Me llama la nueva compañera de piso. Ya está en casa. Después de un par de fines de semana trayendo cosas, hoy se instala definitivamente. Voy para allá. Llamo a mi madre de camino. Llamo a Horacio de camino. Nos contamos cosas, me cuenta su día. Llego al portal. Me impaciento porque estoy cansada y porque no quiero entrar a casa hablando por el móvil y que la conversación se alargue mucho porque la nueva compañera de piso está esperando para saludar. Colgamos. Y me enfado un poco conmigo misma porque sé que hoy, justo hoy, me he propuesto contar mi día y no se lo he contado a él, que ha tenido un interesante 27 de Septiembre. Es la voz la que tengo cansada. Hablar por teléfono me cansa. Los dedos, en cambio, a menudo vuelan. Bailan. Nota mental: Decirle que le quiero muchísimo antes de irme a dormir. 

Entro en casa. Saludo a la nueva compi. Saludo a mi otra compi, que en un mes se irá. Esto es un trajín. Ambas se van a dormir al poco rato. Yo debo hacer caso a mi gata, que pide mimos y comida y juegos y quiere que me deje morder un poco y quiere ronronear. Me meto a la ducha y me lavo el pelo, me lo seco con el secador lo más rápido posible para no molestar demasiado porque pasan ya las doce menos cuarto, y me preparo un mate ante lo que preveo será una noche corta: apenas tres horas y media de sueño me esperan.

En pijama y con la chaqueta de lana morada, me siento frente al portátil en el escritorio de mi habitación, junto al ventanal en el que la gata y yo miramos en busca de los dragoncitos Claudio y Claudia. Hace noches que no hay ni rastro de ellos. Me daría mucha pena que ya se hayan ido a hibernar. Tengo que comprobarlo,  pero creo que el año pasado tardaron más en irse. 

Y a menos cinco pasadas la gata se acurruca en mis piernas, metiendo la cabeza entre la chaqueta y yo. Ronroneando con el turbo puesto. Colmilla Blanca, que sólo tienes un colmillo. Gata mellá. Gata preciosa. 

Y creo que voy a dejar que duerma sobre la chaqueta esta noche también. 








viernes, 7 de septiembre de 2012

contra los recortes (IX) Programa Europeo para la Recuperación de Activos Tóxicos


Las autoridades del país de acogida esperaban el vuelo procedente del País Colaborador Número Tres.

El avión aterrizó y de sus tripas comenzó a descender gente cansada. Una parda fila de hormiguitas que se acercaban al área de recibimiento. La autoridad competente se preparó para dar el discurso de bienvenida con la más cordial de sus sonrisas. El intérprete, a su lado, estaba concentrado en traducir en el mismo tono, decidido pero amistoso, aquellas palabras para la multitud:

"Bienvenidos, estimados conciudadanos:

Como saben, ustedes están aquí porque han sido seleccionados por su excelente currículum para participar en el Programa Europeo de Reparación de Activos Tóxicos. Ustedes son el Paquete número 84 procedente del País Colaborador Número Tres.

Estamos aquí para darles una nueva oportunidad. Todos ustedes están en edad activa y a pesar de ello están en paro desde hace años; todos ustedes fueron desahuciados y tienen, como es lógico, una elevada deuda hipotecaria con su banco, que a su vez, está endeudado con su Gobierno. Y su Gobierno con el nuestro. Ustedes saben ya todo esto. Y están aquí porque hemos hecho un gran esfuerzo internacional, desde todas las instituciones, para regular un Programa que pueda restituir este débito de la manera más satisfactoria posible para todas las partes. De manera que todo ha sido preparado y habilitado para que ustedes puedan, a partir de hoy, saldar sus deudas.

Hemos dispuesto unos magníficos Centros Residenciales perfectamente equipados, donde trabajarán unas horas al día, vivirán cómodamente y recibirán una generosa manutención. Al final de cada mes se les informará de cuánta deuda ha sido saldada y cuánta les queda por cancelar. Para que el choque cultural sea el mínimo, siempre pensando en hacer más confortable y familiar su estancia en nuestros Centros Residenciales, estos han sido distribuidos según sus países de origen.

Al llegar a cada Centro Residencial se les explicará con detalle el reglamento y las normas de convivencia, necesarias para el bienestar de todos durante su estancia. Allí se les informará de todo lo relativo a la posibilidad de hacer horas extraordinarias, de obtener bonificaciones y de acogerse a sistemas de financiación muy interesantes que hemos desarrollado pensando en ustedes,  para que puedan refinanciar y pagar su deuda de manera más rápida, eficiente, productiva y con un menor tipo de interés. Garantizado.

Recuerden: son ustedes afortunados por recibir esta oportunidad. Tienen mucha suerte de haber sido  seleccionados para participar en el Programa Europeo de Reparación de Activos Tóxicos. Su trabajo en los Centros Residenciales les hará libres."

miércoles, 5 de septiembre de 2012

rosa de los tickets

hoy por la mañana. a eso de las diez.

al subir al autobús veo la rosa de papel. es espectacular. y está clavada ahí, en un huequecito de la máquina que expende los tickets a los viajeros.

aunque doy los buenos días y comienzo a caminar hacia el interior, no: me giro y me quedo mirándola. la habrá hecho él me pregunto, claro que la ha hecho él.

queda preciosa ahí. y no me puedo contener. me encantan las flores de papel.

ahí van mis primeras palabras del día:

-perdona, ¿te importa si hago una foto de la flor?

-no, claro, pero mejor que hacer una foto es que te la quedes. te la regalo. toma, para ti.

y me la da.



-y no hay que regarla, es lo bueno que tiene. son muchas horas aquí...hay muchos tickets...tanto papel desperdiciado...

yo le felicito por ellas y bueno, mi trayecto era largo y no le quería ir dando la chapa, así que me fui hacia el fondo. con mi rosa de papel. más chula que un ocho. y la gente sonreía. yo creo que también querían una.

luego, antes de salir, volví a darle las gracias. y me dijo:

-me alegro de que te guste. no es nada, en realidad. mira: ya he hecho otra.

y sí, estaba ahí, otra casi igual prendida de la máquina expendedora de tickets. una pasada.

-con lo que me gusta hacer el capullo, no sé que hago aquí.

-bueno, no sé. puedes hacerlo en más sitios pero aquí también está bien. a mí, por ejemplo, me has alegrado el día.

y he ido a hacer mis -infructuosos- papeleos, mostradores ventanillas y despachos con mi rosa de papel en la mano. pues sí. mucho mejor.



viernes, 31 de agosto de 2012

poesía contra los recortes VIII- 'es triste de pedir pero más triste es ser un sinvergüenza'

es triste de pedir
pero más triste es de robar.

triste es pedir y que no te den,
más triste es robar por necesidad
pero más triste,
más triste,
más,
es robar sin ella y sin saber
en qué nuevo capricho te lo vas a gastar.

o dicho de otra manera

es triste ser
un sintrabajo
un sintecho
un sinestudios
un sinpapeles
pero más triste,
más triste,
más,
es ser un sinescrúpulos
un sinsangre
un sinvergüenza. 

viernes, 24 de agosto de 2012

poesía contra los recortes VII - Poema de los medicamentos excluidos

 inspirado en el BOE del 17 de agosto de 2012.

PEPSAMAR, VINCACEN,BIOLID, MINOTON,
GELODROX, NUCLESIL, BELMALAX,
EMPORTAL, FABROVEN, INACID, DANILON,
PLANTASOR, MILAVIR, ZOVIRAX.

NOOTROPIL, ARCENTAL, RESOLOR, NUTRACEL,
FORTASEC, TAGUINOL, HYDERGINA,
CLINADIL,  MUCOSAN, NIFLACTOL, CALMATEL,
DOLOTREN, MOTOSOL, TOSEÍNA.

ROMILAR, AMBROXOL, DOLMITIN,
DIEMIL, GASTROMOL, RINOMAX,
DUPHALAC, RELISTOR, DASTOSIN,
TUSCALMAN, OMACOR, SYNALAR.

VOLTAREN, BISOLMED, SOBREPIN,
DENUBIL, LEVOTUSS, TOSIFAR.

...pero no leo nada del Prozac:
¡Fluoxetina para todos!
lo cubre la Seguridad Social,
no sea que las masas
no sea que las masas
vayan a despertar.

(...yo sólo era una chica
una chica de Almax tomar)




jueves, 23 de agosto de 2012

mis cicatrices se hacen mayores

no estaba pendiente pero he caído en la cuenta de que fue hoy hace dieciocho años.

así que mis cicatrices ya son mayores de edad. ya pueden hacer lo que quieran.

si se quieren independizar ellas solitas que lo hagan, pero conmigo que no cuenten. estoy bien así.

claro que me marcó. me hizo pensar mucho. y aprender mucho sobre mí y sobre la gente. y ser mucho más fuerte. y asumir las consecuencias de los actos. algunos lo llaman volver a nacer. hay gente a la que no le ocurre nunca. no lo sé. un quebranto. empatizar al instante con las personas rotas. comprender a Frida.

por eso creo que muy pronto en mi vida fue demasiado tarde.

pero yo tenía pocos años: diez. fue muy pronto.

al menos, un tiempo después, menstruar no fue un problema ni un trauma ni necesité orientación: ya había aprendido a sangrar de una forma mucho más jodida.

el doctor Soria me lo explicó así:

-Piensa que la piel nueva que te ha salido (inciso: gracias a una crema con la que me cubrían las quemaduras, que era blanca pero llevaba nosequé componente de la plata y con el paso de las horas se ponía gris. me la ponían porque evitaba que saliera costra normal. hacía regenerarse la piel para evitar cicatrices más profundas) es como la de un bebé. Muy fina, muy delicada, todo le afecta más. Así que tienes que ponerte crema de protección total en la cara siempre, siempre que salgas a la calle, hasta en invierno. Así durante años, hasta que esa piel sea más mayor.

Y ya: ya soy mayor. Mis cicatrices son mayores de edad.

miércoles, 22 de agosto de 2012

un verano feroz


te dije 'déjame algo clásico, sonetos de los buenos'

me diste un libro fino de Leopoldo de Luis. el último que escribió, ya triste, viejo y solo.

por la mañana tú dormías, yo leía y la cachorra de pantera, mordía -ferozmente- este poema.

Un verano feroz -¿o era el reflejo
del latigazo rojo de la vida?-.
Un otoño sombrío -¿o es el espejo
de una mujer continuamente herida?-.

Vivir es arrancar estas finales
hojas de un inclemente calendario.
Azota el viento ramas invernales.
Llueve sobre un cortejo funerario.

Sólo por triste no es la poesía
ni más hermosa ni mejor deslía
el arte del poema y su madeja.

Pero el feroz verano y el sombrío
otoño alzaron cerco tan impío
que ni esperar en otra muerte deja. 

me llevé el libro, Cuaderno de San Bernardo -en esa calle estaba el sanatorio en el que murió su mujer- no sabes qué llorera en pleno metro, cuando llegué a un soneto que se llama Un hombre esperando.

que el final es ese: por mucho que se dos se quieran, uno se muere antes y el otro se queda solo. sabemos que eso pasa. estamos en otro punto del camino. casi al comienzo: dispuestos a arriesgarnos.

ah, hice una versión de Un verano feroz. alegre, feliz, optimista y malísima. tenía razón Berrio: "con los buenos sentimientos sólo se hace mala literatura" así que últimamente estoy condenada: y escribo basura, basura, basura.

y bueno, prefiero que alguien me dé una paliza antes que publicar mierda, sentimiento que después de curiosear esta tarde  algunas 'poetas contemporáneas' veo que no es muy compartido.




sí, eso es: el tiempo pasa y él sucede:

permanece.

 



martes, 21 de agosto de 2012

cualquier noche de estas - II

puede que hoy.
hace seis años que vine a vivir a esta casa, por todos conocida como la Casita de Colores.
casualidades: al igual que el año pasado y que la noche que dormí aquí por primera vez, estas noches estoy sola.

entonces no era de colores. 'entonces' comienza, creo que por primera vez, a parecerme mucho tiempo.
parece que de los veintidós a los veintiocho no es taaanto tiempo. pero cuando pienso que es el mismo tiempo que entre los doce y los dieciocho, entonces parece una eternidad. una adolescencia entera. mi segunda adolescencia.

ahora parece mucho tiempo y lo es: he sobrevivido a mis caseros.
hace años murió él y hace meses ella.

he sobrevivido a varios vecinos. y es triste. es lo que pasa cuando tus vecinos son tan mayores. algún día hablaré del señor Nicolás.
también he visto crecer a Slavi. eso es bonito.
he tenido catorce compañeros de piso. he compartido mucho mi vida. a veces ya creía estar en mi casa y de pronto me he sentido extraña. otras muchas veces este ha sido mi hogar.
ha habido fiestas, calma, borracheras, resacas, alegrías y desengaños.
he sobrevivido y hemos sobrevivido aquí a varios amores y desamores.
y muchas averías.
como la vez que buscábamos compañero de piso mientras había un agujero de dos palmos en medio de la pared de la cocina -que tapábamos con un cuadro pintado por Marcelo, qué él quería destruir y a mí me encanta- que comunicaba con la del vecino, consecuencia de una tubería rota.
muchas reparaciones.
esta casa tiene más cicatrices que yo. tiene muchas historias. al principio pensé que estaría un año, dos. a veces he mirado otras casas para irme. al final siempre me quedé.
nunca me he arrepentido.

las vistas a la sierra que hay desde la terraza, el parque debajo, con sus gatos callejeros, la gata negra que siempre viene al portal y a la que siempre echamos de comer, los pájaros verdes casiloros que tienen colonizado el parque y cantan a todo volumen, las ardillas que corretean por las mañanas. toda la gente buena que conozco aquí.

Iris se fue. Carmelo y Cobi el Cobayo se fueron.
mi nueva compi está pasando unos días con su novio y hay otra por llegar.

y yo creo que estoy cerrando un ciclo aquí. que poco a poco estoy empezando a irme de esta casa. no me iré antes de que hibernen los dragones. me gustaría saber que tendrán suficiente luz las noches del verano que viene. busco un relevo para ella. porque los achaques no eran culpa suya. y ya casi todo lo que se podía romper -toquemos madera- se rompió y arregló. ha sido y está siendo una buena casa. pero siempre supe que era temporal. nunca pensé cuánto tiempo, pero tampoco pensé que iba a ser tanto.

y pasa. parece que no tanto, pero pasa,

-el tiempo-

y él

sucede.





viernes, 17 de agosto de 2012

contra los recortes -VI- FREE PUSSY RIOT

Hace seis semanas que me uní a la iniciativa de Antonio Diez Fernández de publicar un poema, texto o reflexión cada viernes sobre los recortes que sufrimos desde que comenzó la crisis gran estafa. 

Pero hoy ni siquiera leí qué recortes nuevos hay en Hespañistán: hoy un recorte duro viene desde Rusia, donde acaban de condenar a las Pussy Riot a dos años de prisión por esta actuación en la catedral ortodoxa de Moscú:



en ella pedían a la virgen: "líbranos de Putin"

Creo que conviene saber que al menos una de las Pussy Riot militaba en el grupo de arte reivindicativo Voina (traducido: Guerra), en el que varios de sus miembros han sido detenidos y encarcelados en más de una ocasión. Son ya viejos conocidos de la policía e intentan callarlos con todos los medios a su alcance. 

Pero no lo harán.  Pussy Riot no es un grupo aislado. Voina no es un grupo aislado. Hay toda una legión, en Rusia y en todas partes.

El mismísimo Gary Kasparov ha sido detenido en los disturbios a la entrada del juzgado. Los ajedrecistas no solían ser peligrosos. Algo falla y no es en nuestro bando.

Esta imponente obra del grupo Voina, de nada menos que 65 metros de longitud sobre el puente levadizo de San Petersburgo, se la dedico (hasta que me haga con un pasamontañas de color chillón) a todas las autoridades que en lugar de velar por la libertad de las personas la recortan es decir, a todas las autoridades, y a la juez que ha dictado sentencia y a su jefe y al cabeza de la iglesia ortodoxa rusa y a todos los cabezas de iglesia, de cualquier iglesia, y a los policías que detienen a gente con la que están de acuerdo y a todos los que compran justicia con dinero y a los que compran libertad con dinero y a los que se la venden: una polla como una fábrica de ollas para todos.



fuente de la foto

FREE PUSSY RIOT!! FREE VOINA!!
LARGA VIDA AL ARTE Y A LA PROVOCACIÓN!!











lunes, 13 de agosto de 2012

autoconsejos para la vida - I

puedes ser comprensivo, escuchar, entender, empatizar e intentar ayudar ante las dificultades y las desgracias de las personas. pero si detectas el síndrome del mártir, HUYE.

el síndrome del mártir va más allá de quejarse y quejarse sin poner solución: eso es simplemente un quejica. un auténtico mártir con frecuencia hace las cosas para poder quejarse después y que todos le digan lo sufrido que es, lo mucho que se esfuerza en los demás y qué mal se portan con él/ella a cambio. no puedes ofrecer ayuda a un mártir: la rechazará para poder hacer aquello que quiere hacer, y que es necesario para poder quejarse de que lo ha tenido que hacer solo/a. 

da igual que sea una amistad, un amor, alguien de tu familia. tu propia madre. HUYE. HUYE. HUYE.

sábado, 11 de agosto de 2012

viernes, 10 de agosto de 2012

poesía contra los recortes - V - Edificio España


foto: urbanity.es

Había una vez un gran edificio construido en la posguerra, en tiempos de un dictador acarismático que contra todo pronóstico gobernó durante cuarenta largos años a un país empobrecido.

Este edificio gigante, de cimientos sólidos y muros robustos, tenía en su interior un bullicioso batiburrillo compuesto por un enorme hotel, muchísimas viviendas alquiladas y locales comerciales de todo tipo y condición.

Todo iba bien hasta 2005, que fue el año en que la inmobiliaria y propietaria decidió venderlo al Banco Santander, que proyectó una remodelación completa para que tanto el hotel como las viviendas de su interior fueran de lujo.

Se desalojó el hotel, las viviendas, las tiendas.

Los arquitectos acudieron, planos en mano, a revisar las distribuciones y los proyectos de reforma.

Encontraron, muy en la línea del caracter patrio, que cada cual había hecho con su espacio lo que le había dado la gana. Tabiques donde no los había, una casa donde había tres, o tres donde se suponía que había una. Un descontrol generalizado que ahora se iba a arreglar.

Entonces estalló la burbuja. Y el banco empezó a dudar: reformarlo todo para dejarlo convertido en edificio de lujo era muy arriesgado ahora que el mercado era incierto y no se podía asegurar que las viviendas se vendieran y que el hotel se llenara.

Decidieron empezar por remodelar la fachada. Lo de fuera. Lo que se ve. Cubrieron el edificio de andamios y tapiaron las puertas. Pusieron vigilantes de seguridad para evitar que nadie entrara. Planearon que en 2009 estaría todo listo y el edificio volvería a funcionar.

Pasan los años: la crisis -la estafa- no termina y el edificio sigue ahí, atrapado en medio de una telaraña de compraventa, en una zona privilegiada, en el corazón de la Gran Vía, mastodonte resistente, racional por fuera y caótico por dentro, armadura hueca. Permanece vacío, cerrado y desperdiciado.

Y su silencio cuenta, impotente y desolado, la misma historia que el país que le da nombre.






miércoles, 8 de agosto de 2012

lunes, 6 de agosto de 2012

viersabamingo

y entonces Eos, la de los dedos rosados, les concedió un día de tres días. 'en realidad no es tan difícil', comentó ella, 'sólo hay que desearlo. a la gente se le olvida desear'.

la primera parte, a la que el resto de los mortales llamó viernes, transcurrió así:

*todas las fotografías son de esa pedazo de artista de Ellen von Unwerth









después durmieron y ella soñó que tenían una hija que no recordaba haber parido. 

y durante lo que el resto de los mortales llamó sábado, el hermano pequeño de él se presentó en casa con un gatito abandonado, flaco, hambriento y extremadamente embaucador. 

al primer vistazo ella dictaminó 

"es gata"

y al segundo vistazo, desde este ángulo tan de chantaje emocional,



él decidió que podía quedarse en el ático esdrújulo en calidad de refugiada en situación de riesgo biopsicosocial.




la pequeña lincesa juró fidelidad a los pies de su señor en cuanto tuvo ocasión y siguió haciendo méritos para ser la hija feral que él no engendró ni ella parió. sería tan fácil parir fieras. sería tan bonito. lo difícil es parir humanos.

y en la tercera parte del día de tres días o lo que el resto de los mortales llamó domingo, se dieron veinticuatro caprichos en uno, los de Paganini -semejante a los dioses- interpretados por el gran Ara Malikian para violín y cuerpo. 


y ya al final del día, al volver a la Casita de Colores, ella sonrió al ver el brote de limonero despuntar,



sonrió al recordar a la preciosa panterita adoptada por Horacio y su enorme parecido con una gata muy amada que tuvo de niña, sonrió al ver que su propia pantera la recibía con carantoñas, y sonrió al ver a sus dragones acudir puntuales a la ventana, atraídos, al final de un día tan largo que duró tres días, por la luz que iluminaba la habitación mientras ella escribía -sonriendo- estas líneas. 







Pussy Riot



Está por comenzar el juicio sobre varias componentes de Pussy Riot, en el que les pueden caer hasta SIETE años de prisión por esta actuación sorpresa -otros lo llaman 'acto vandálico de ofensa del sentimiento religioso'- en una importante iglesia ortodoxa rusa. En su canción pedían a la virgen María que les librara de Putin.

Debido a que ha tenido bastante atención internacional, el bueno de Putin ha salido a declarar que espera que no sean demasiado duros con ellas. Ya, ya. Qué detalle más bonito.

Ahhh qué gustazo sería hacer lo mismo en Madrid, delante de los caraculos de Roucorancio Varela y Gallardón el chupacirios!!

Que no decaiga, chicas. Perras de primera calidad tocando los cojones más oscuros del reino. Os mando aplausos y una lima escondida en el bocata.



viernes, 3 de agosto de 2012

poesía contra los recortes - IV - recortar la poesía


dragones que se ponen mimosos en noches de luna llena

llevan dos veranos en mi ventana, que es más de lo que duran
muchas parejas de humanos.
son felices, todo lo que pueden ser felices los lagartos
que no sé si es tan diferente a cómo pueden serlo los humanos, porque
tienen barra libre de polillas,
una ventana con luz hasta muy tarde,
un hueco donde hibernar en invierno,
han tenido descendencia
y posiblemente tengan más.
según todos los estándares
son unos triunfadores de la vida
pero dejando de lado por un momento la  perspectiva biológica
la evidencia es
que mis dragones se hacen arrumacos